Comenzamos un nuevo año. También en esta sección en la que recordamos que Jesuscristo fue tan “influencer” que cambió la Era romana en una Era cristiana, desde la que contamos los años y a la cual todos pertenecemos. En ella todos somos por Él “influenciados”: aprendemos de Él a ser más felices siendo amados que amando, porque él nos primerea y santifica. Hay que tomarse en serio lo que afirma Pablo en su Carta (Rom 1,4.7): “A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados SANTOS: Gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo… constituido Hijo de Dios en poder, según el Espíritu de SANTIDAD”. Porque, como amados por Dios, estamos llamados a la santidad. Y en el camino nos preceden muchos que nos iluminan y nos recuerdan que, como ha afirmado el Cardenal Osoro, “solamente la belleza de Dios puede atraer, porque el camino de Dios es el de la atracción. La belleza de Dios nos ha seducido. Es como un hechizo divino. La Misión nace de este encuentro sublime y bello con Dios”.

Pues bien, abrimos el año 2018 de par en par con María, Madre de Dios y Puerta del Cielo, (día 1 de Enero) deseándonos mutuamente la Paz: paz a los de cerca y a los de lejos; paz a las personas y a los pueblos: a Oriente y a Occidente, Norte y Sur. THEOTOKOS la aclamaron los Padres del Concilio de Éfeso (s.V), porque en ella se encarnó el Hijo de Dios Padre por obra y gracia del Espíritu Santo; y habitó entre nosotros como Príncipe de la Paz.

¿Qué papel le dejas a la Madre de Dios en tu camino de santidad? ¿Dejas que, como madre, te enseñe a tener contigo a su Hijo Jesús?

Antonio Bolívar, cmf

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