14 de Enero 2018. Jn 1, 35-42

Estamos en los comienzos de la vida pública de Jesús. Aparecen los primeros seguidores: “Hemos encontrado al Mesías”. Fueron aquella tarde y se quedaron con él. Desde ese momento ellos ya no serán los mismos. Desde ahora le seguirán, vivirán con él y como él. Más tarde se convertirán en testigos de su vida y resurrección.

¿Cuantas ocasiones se me presentan cada día para poder dar testimonio de mi propia fe? Hay creyentes de otras religiones que son dignos de admiración – nada tienen que ver con los fanáticos -. Si hoy tuviera que dar razón de mi fe ante alguien que me preguntara ¿por qué crees?¿en quién crees?, ¿podría decir las mismas palabras de Jesús: “ven y lo verás”? Da la impresión de que en ocasiones “nos avergonzamos” de creer y lo queremos mantener en un ámbito demasiado personal. Y para un cristiano no puede haber nada que le produzca mayor satisfacción y orgullo que el poder decir que vivir amando a los que se acercan a nosotros por cualquier medio, colma de satisfacción la propia vida. El que quiera, que venga y lo vea.

Juan Ramón Gómez, cmf

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