No es infrecuente leer en los periódicos informaciones de disturbios raciales en ciudades norteamericanas que a menudo son provocados o acompañados por la violencia injustificada de la policía. La realizadora Kathryn Bigelow, que ya nos ofreció visiones esquinadas de la realidad de su país en películas como En tierra hostil o La noche más oscura (en la que narró la operación que acabó con la vida de Osama Bin Laden), se acerca en su último largometraje a los disturbios raciales que se produjeron en la ciudad de Detroit en el verano de 1967. El tiempo transcurrido no disminuye la actualidad de la película porque, ya lo he señalado, desgraciadamente se siguen produciendo con regularidad episodios parecidos en diversas ciudades de EEUU.

La primera parte de la película narra, con un estilo casi documental, las situaciones de violencia y descontrol que se producen en las calles, en las que intervienen también de modo excesivo algunos policías, que reaccionan de modo desproporcionado provocando incluso la muerte de algunos ciudadanos. La parte central y más larga del metraje se detiene en los sucesos ocurridos en un motel donde un grupo de agentes del orden (llamémosles así por decir algo), en el que destaca la figura de un policía racista y paranoico (responsable de una muerte injustificada y sometido a investigación), someten a un grupo de clientes, de raza negra en su mayoría, a humillaciones y vejaciones, acusándoles de disparar desde el establecimiento a las fuerzas policiales. El intento de encontrar al culpable les lleva a abusar y violar las normas más elementales de respeto a la dignidad de las personas. La situación adquiere tintes de extrema violencia y tensión, provocando incomodidad y rechazo. La resolución del conflicto subraya por enésima vez la injusticia y doble moral que impera en la sociedad estadounidense.

Hay que destacar la factura formal de la película. La fotografía se asimila al estilo de los documentales de la época, de los que se ofrecen algunos planos, dándole al conjunto un sentido de realismo. La interpretación, en manos de intérpretes desconocidos casi en su totalidad nos acerca a los sentimientos y la sensación de indefensión vivida por muchos que sufrieron las consecuencias de tan tristes acontecimientos.

Abundan las películas que acercan a la pantalla historias marcadas por el racismo y la injusticia, algunas de las cuales ya han sido comentadas en esta sección. Y es que desgraciadamente son historias más cercanas de lo que el tiempo transcurrido puede llevarnos a pensar.

Antonio Venceslá, cmf

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