“Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano…y le dijo Jesús: levántate, vete; tu fe te ha salvado”.

En la sanación que hoy realiza Jesús en el evangelio de los diez leprosos sanados, sólo uno se vuelve alabando a Dios a grandes gritos y dando gracias a Jesús. 

Y este era un extranjero, un samaritano. No se consideraba merecedor de la atención de Jesús. Los otros nueve, llenos de orgullo por ser judíos, consideran que Jesús hizo por ellos lo que tenía que hacer porque se les debía.

Una persona agradecida sabe que no se le debe nada y que todo servicio a ella prestado es un regalo gratuito.

Sólo el agradecido, el samaritano extranjero, fue salvado por Jesús y no sólo sanado. Los demás sólo fueron curados pero no salvados. Fue el samaritano quien experimentó de verdad el amor y la amistad misericordiosa de Jesús que le salvó. Y, todo ello, porque se volvió para dar gracias .

Vive agradecido y agradecida por todo lo que has recibido. Vuélvete hoy muchas veces a Jesús para darle gracias por su amor, su misericordia y su salvación. Agradece el buen día que también el Señor te regala hoy. 

Buenos días.

Antonio Sanjuán, cmf

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.