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«Una voz que me dice…»

(S. A. Mª. Claret. Autobiografía 114)

PRÁCTICA DE LA LECTIO DIVINA EN GRUPO

15 de Octubre de 2017: XXVIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

Disposición espiritual.

Haz silencio, exterior e interior. Invoca al Espíritu Santo con esta u otra oración: ¡Oh Señor Jesús!; te pido la alegría de comprender puramente tus palabras, inspiradas por tu Santo Espíritu. Amén.

Texto: Mt 22, 1-14

1. Lectura (lectio). Lo que el texto dice

Lee y relee tranquila y detenidamente este pasaje bíblico fijándote bien en todos los detalles. Descubre sus recursos literarios, las acciones, los verbos, los sujetos, el ambiente descrito, su mensaje. Tras un momento de silencio descubrimos juntos qué dice el texto.

El Reino es comparado una vez más con un extraordinario banquete al que todos son invitados, pero advierte de la necesidad de estar preparados: la conversión es el vestido de fiesta apropiado para esta ocasión. Mateo ha unido aquí dos parábolas: la de los invitados al banquete, que la recoge tambien Lucas (Lc 14,15-24) y la del comensal sin vestido apropiado, que no tiene paralelo en Lucas, y ha hecho del conjunto una explicación de la entrada de los paganos en la Iglesia, y una exhortación a su comunidad para que confirme con obras su vocación cristiana.

Para comprender el sentido de la parábola en labios de Jesús tenemos que reconstruir el escenario social al que hace referencia. Notemos en primer lugar que se trata de un banquete. Las comidas tenían (y tienen aún hoy) una importante función social, pues eran ceremonias a través de las cuales se confirmaba el estatus de las personas y su lugar dentro de la escala social. Los banquetes eran también un medio para estrechar lazos, para afirmar alianzas y relaciones. El estatus de una persona podía muy bien medirse por la gente que frecuentaba su mesa. En ocasiones muy especiales, como la boda de un hijo, la selección de los invitados era minuciosa: sobre todo se cuidaba la invitación a personajes importantes, porque su presencia contribuía a realzar el estatus y el honor de la familia.

Leída en este contexto, lo más soprendente de la parábola es que los invitados se nieguen a participar en el banquete de bodas, aduciendo excusas poco verosímiles (en Mt matan incluso a los emisarios del rey). Rechazar una invitación como ésta era algo casi impensable, y suponía una ofensa grave a quien invitaba. A la ofensa que le hacen, el rey de la parábola responde invitando a todos los que se encuentren por los caminos, gente que nunca se habría sentado a la mesa de un personaje importante, y menos de un rey. Esta lectura de la parábola es coherente con un dato importante de la vida de Jesús: sus comidas con los pecadores y recaudadores de impuestos, que le acarrean duras críticas. Es muy probable que Jesús a través de esta parábola, intentara responder a la acusación de haber invitado al banquete del reino a todo tipo de personas. La parábola habla también del rechazo de su mensaje por parte de los líderes del pueblo y de la acogida que le dispensaron los marginados: pecadores y prostitutas, etc. Los primeros cristianos profundizaron en el sentido de la parábola desde su situación, y vieron también en ella la explicación de una nueva circunstancias que estaba viviendo: la buena noticia era mejor acogida por los paganos que por los judíos.

En el caso de Mateo el tema de fondo sigue siendo el rechazo de la invitación de Jesús a acoger el reino y las consecuencias de este rechazo. Para subrayarlo, el evangelista ha introducido algunos detalles y modificaciones importantes (véase la versión de Lucas): la muerte violenta de algunos de los emisarios y el castigo con que el rey responde a esta actitud. Para Mateo la parábola no es ya una explicación del estilo de vida de Jesús, sino que expresa la respuesta de Dios al rechazo de su pueblo.

Mateo ha añadido a la parábola de los invitados a la boda otra breve parábola, que tuvo origen independiente. En esta segunda parábola parece también el tema del juicio, pero en esta ocasión no se trata del juicio del pueblo de Israel, sino de aquellos que creen tener asegurada la salvación. El evangelista quiere advertirles que no es suficiente con haber aceptado la invitación. Para entrar en el banquete del reino es necesario un estilo de vida que ponga en práctica las enseñanzas de Jesús. El rey no exige algo imposible a los que han sido invitados en las encrujidas de los caminos. Como era costumbre, el anfitrión habría preparado vestidos apropiados para aquellos que llegaran al banquete sin ellos. El comensal al que se dirige el rey con palabras tan severas, ha rechazado el vestido que le ofrecían, y ha ofendido al rey al entrar en su banquete vestido impropiamente. El mensaje de Mateo a su comunidad es por tanto este: Dios ha llamado a todos a participar en el banquete del reino, pero sólo serán admitidos aquellos que hayan respondido a la invitación, cambiado su estilo de vida. No basta el bautismo que incorpora a la comunidad. Es necesaria la conversión, representada simbólicamente en la vestidura de fiesta.

2. Meditación (meditatio). Lo que el texto me dice

Permite que lo leído baje hasta el corazón y encuentre en él un centro de acogida donde pueda resonar con todas las vibraciones posibles. Es Dios mismo quien te atrae y te habla al corazón. Se trata de una “rumia” -ruminatio- que va haciendo que la Palabra vaya calando dentro, hasta quedar del todo hecha carne propia. Déjate seducir por la Palabra. Sigue sus hondos impulsos. Quédate con algún verso o frase.

La enseñanza de Mateo a los cristianos de su comunidad tiene plena actualidad para nosotros. Si bien es cierto que Dios nos ha llamado al banquete del Reino, está en la mano de cada creyente aceptar o no la invitación. Porque son muchos los invitados, pero pocos los escogidos. Todos los personajes presentados en la parábola ofrecen figuras de identificación y modelos de acción. Nada puede deterner el Reino de Dios, ni ponerle obstáculos. Dios no excluye a nadie de su Reino ni de su plan de salvación, y sólo uno mismo puede excluirse.

Convidad a la boda a todos los que encontréis”: ¿Qué rasgos te parecen más acentuados en la imagen de Dios que nos propone el evangelio de hoy?

Para ver a los comensales”: La imagen de Dios que llama a Juicio nos suena como algo del pasado. ¿Es compatible en tu vida de fe el amor infinito de Dios y la responsabilidad de cada ser humano ante su llamada?

Mi banquete está preparado”: ¿De qué manera este pasaje ilumina tu vida en el ámbito de la esperanza?

3. Oración (oratio). Lo que yo digo a Dios y lo que Dios me dice a partir del texto.

Habla ahora a Dios. La oración es la respuesta a las sugerencias e inspiraciones, al mensaje que Dios te ha dirigido en su Palabra. Haz silencio dentro de ti y acoge las palabras de Jesús en tu corazón. Ora con sinceridad con confianza. Orar es permitir que la Palabra, acogida en el corazón, se exprese con los sentimientos que ella misma suscita: acción de gracias, alabanza, adoración, súplica, arrepentimiento… Es el momento de la celebración personal y comunitaria. Sobre todo, deja hablar a Dios nuestro Padre. Practicando estas palabras, terminarás por transformarte en El

La mesa está servida. Hemos recibido la invitación al banquete no por nuestros méritos, sino por pura benevolencia del anfitrión. Ahora nos toca el turno a nosotros. Primero hemos de responder expresando a Dios nuestra gratitud. Después tenemos que prepararnos, sabiendo que un corazón convertido es lo único que el Señor espera de nosotros. Le pedimos que, en la abundancia de su gracia, nos ayude a caminar hasta el lugar de la fiesta.

Oramos espóntaneamente y compartimos nuestra ORACIÓN...

Recitamos (o cantamos) juntos el SALMO 22:

El Señor es mi pastor, nada me falta: / en verdes praderas me hace recostar; / me conduce hacia fuentes tranquilas / y repara mis fuerzas. Me guía por el sendero justo, / por el honor de su nombre. / Aunque camine por cañadas oscuras, / nada temo, porque tú vas conmigo: / tu vara y tu cayado me sosiegan. Preparas una mesa ante mí, / enfrente de mis enemigos; / me unges la cabeza con perfume, / y mi copa rebosa. Tu bondad y tu misericordia me acompañan / todos los días de mi vida, / y habitaré en la casa del Señor / por años sin término. Gloria al Padre, al Hijo y al Espiritu Santo. Amén.

4. Acción misionera (actio). Hágase en mi según tu palabra

Todo encuentro con el Señor de la vida, presente en su Palabra, culmina en la misión. Hay que cumplir la Palabra, para no ser condenado por ella. La Palabra, si se ha hecho con sinceridad los pasos anteriores, posee luz suficiente para iluminar nuestra vida, y fuerza para ser llevada a la práctica. El fruto esencial de la Palabra es la caridad. Deberíamos acabar pronunciando las palabras de la entrega misionera del profeta ante el Señor, que pide nuestra colaboración : “Aquí estoy, envíame” (Is 6,8). María, tras escuchar la Palabra y darle su aceptación, se puso en camino (Lc 1,39).

“Uno de ellos no llevaba traje de boda”: ¿Qué actitudes crees que te faltan para completar el traje de boda con el que presentarte en el banquete?

“La sala se llenó de invitados”: ¿De qué manera están presentes en tu vida la alegría y la gratitud a Dios por su invitación al banquete del Reino?

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