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«Una voz que me dice…»

(S. A. Mª. Claret. Autobiografía 114)

PRÁCTICA DE LA LECTIO DIVINA EN GRUPO

08 de Octubre de 2017: XXVII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

Disposición espiritual.

Haz silencio, exterior e interior. Invoca al Espíritu Santo con esta u otra oración: ¡Oh Señor Jesús!; te pido la alegría de comprender puramente tus palabras, inspiradas por tu Santo Espíritu. Amén.

Texto: Mt 21, 33-43

1. Lectura (lectio). Lo que el texto dice

Lee y relee tranquila y detenidamente este pasaje bíblico fijándote bien en todos los detalles. Descubre sus recursos literarios, las acciones, los verbos, los sujetos, el ambiente descrito, su mensaje. Tras un momento de silencio descubrimos juntos qué dice el texto.

Jesús cuenta otra parábola en el templo, los interlocutores son los dirigentes judíos que cuestionan la autoridad de Jesús. Comienza con la descripción introductoria de la situación, cuenta la triple acción del propietario de una viña y las respectivas reacciones de los viñadores. A la parábola le sigue la interpretación, de la que también participan los oyentes. Termina con las consecuencias que hace Jesús de la parábola a la situación actual.

La introducción de la parábola recuerda el canto de la viña de Isaias (Is 5,1-7) que en vez de uvas dulces las dio amargas. Lo que cabe destacar tanto en Mateo como en Isaías, es la preocupación con que el propietario cuida su viñedo. Sin embargo, mientras que en Isaías el amigo es quien se ocupa de la viña, el dueño de la parábola la arrienda a viñadores y se ausenta.. Hay algunas modificaciones en el tema de la viña. Mientras que en el canto de la viña de Isaías esta plantación se refiere a Israel (Is 5,7), Jesús entiende con el viñedo el Reino de Dios (21,43).

En los dos textos se trata de dar fruto, pero en Mateo el acento recae en el maltrato de los viñadores a los siervos y al hijo del propietario del viñedo. Aunque haya ciertos paralelos ha de entenderse esta parabola de Mateo como una nueva, distinta.. El propietario de la viña manda a sus siervos para recoger de los viñadores los frutos de su viñedo; naturalmente, no todos, sino sólo la cantidad que le corresponde como arrendatario. Por la redacción de la parábola, se advierte que de lo que se trata principalmente no es de los frutos, sino del suceso que sigue. Los viñadores maltratan a los siervos del propietario de la viña y, en esa triple descripción de los maltratos se pueden ver un paralelo con el destino de los profetas y del Siervo de Dios. El dueño de la parábola (Dios) en su infinita paciencia, manda por último a su hijo (Jesús), quien también sería asesinado por aquellos malvados. La parábola termina con la pregunta al auditorio para que emita un juicio.

Los dirigentes judíos, como si todavía pensaran que las palabras de Jesús no iban con ellos, proponen un final para la parábola que contiene dos indicaciones: acabar con aquellos malvados y entregar la viña a quienes den los frutos a su tiempo. Tomando de nuevo la palabra, Jesús se dirige a los maestros de la ley con argumentos de la Escritura, en la que ellos eran expertos: confirma la sentencia mediante la cita del salmo 118 (la piedra desechada es la piedra angular) y la aplicación concreta del sentido de esa cita y de la parábola a los dirigentes judíos. Jesús es la piedra desechada por los «constructores» judíos y convertida en piedra angular del Reino. Desde la perspectiva post-pascual, los creyentes comprenden esto como una referencia a la resurrección y exaltación de Jesús. Como aquellos no supieron reconocer la piedra, el Reino se entregará a un nuevo pueblo (no ya las doce tribus, sino los doce discípulos, el nuevo Israel) que reconocerá en Jesús a su piedra angular y que dará los frutos propios del Reino.

Estas palabras ayudaron a comprender a la comunidad cristiana, a la que Mateo se dirigía, la ruptura que se estaba consumando con el judaismo, en cuyo seno había surgido, a la vez que les confería una plena identidad como el nuevo pueblo de Dios y les confirmaba en su misión: el anuncio de la Buena Noticia del Reino a todas las gentes.

Las parábolas pueden volver a ser leídas y actualizadas y ofrecen a los oyentes impulsos para su conducta, quienes pueden reconocerse en todos los personajes del relato. Por ejemplo, los “malvados viñadores” pueden también referirse a los que hoy quieren realizar sus propias concepciones del Reino de Dios a costa de otros. El Reino de los Cielos no nos pertenece, sino que solo nos ha sido confiado, como a los arrendatarios de la viña. Mateo nos advierte de que hemos de dar fruto y cumplir las expectativas de Dios.

2. Meditación (meditatio). Lo que el texto me dice

Permite que lo leído baje hasta el corazón y encuentre en él un centro de acogida donde pueda resonar con todas las vibraciones posibles. Es Dios mismo quien te atrae y te habla al corazón. Se trata de una “rumia” -ruminatio- que va haciendo que la Palabra vaya calando dentro, hasta quedar del todo hecha carne propia. Déjate seducir por la Palabra. Sigue sus hondos impulsos. Quédate con algún verso o frase.

El evangelio contiene duras palabras contra un pueblo y sus dirigentes que no reconocieron a los profetas enviados por Dios ni a su Hijo, y les maltrataron hasta la muerte. Despojados aquellos labradores, el nuevo pueblo de Dios es heredero del Reino y recibe el encargo de entregar los frutos correspondientes.

– “Finalmente les envió a su hijo”:¿Qué te parece más sorprendente en la forma de actuar de Dios, tal como nos la presenta el evangelio de hoy?¿Los hombres y mujeres de nuestra sociedad reconocen a Jesús como la piedra angular de sus vidas? ¿Y tú?

– “La piedra que desecharón los constructores”: ¿Los hombres y mujeres de nuestra sociedad reconocen a Jesús como la piedra angular de sus vidas? ¿Y tú?

– “Se os quitará el Reino de Dios y se entregará a un pueblo…. ¿Cuál es el mensaje de esperanza que descubres en el evangelio de hoy?

3. Oración (oratio). Lo que yo digo a Dios y lo que Dios me dice a partir del texto.

Habla ahora a Dios. La oración es la respuesta a las sugerencias e inspiraciones, al mensaje que Dios te ha dirigido en su Palabra. Haz silencio dentro de ti y acoge las palabras de Jesús en tu corazón. Ora con sinceridad con confianza. Orar es permitir que la Palabra, acogida en el corazón, se exprese con los sentimientos que ella misma suscita: acción de gracias, alabanza, adoración, súplica, arrepentimiento… Es el momento de la celebración personal y comunitaria. Sobre todo, deja hablar a Dios nuestro Padre. Practicando estas palabras, terminarás por transformarte en El

El pasaje de hoy no es algo del pasado. Nos cuestiona como pueblo creyente, como nueva viña a la que Dios sigue cuidando con infinita ternura. Damos gracias a Dios por su fidelidad y su paciencia con nosotros y le pedimos perdón porque en ocasiones no damos los frutos del Reino que Él espera.

Oramos espóntaneamente y compartimos nuestra ORACIÓN...

Recitamos juntos el SALMO 79 :

Oh Dios omnipotente, vuelve ya, asómate desde el cielo y fíjate, ven a ver esta viña, la viña que tu diestra plantó, el retoño que tú mismo hiciste fuerte. Que los que la talaron y quemaron perezcan ante la amenaza de tu rostro. Pon tu mano sobre el hombre de tu diestra, sobre el hijo del hombre que tú has fortalecido, y jamás volveremos a apartarnos de ti; consérvanos la vida e invocaremos tu nombre. Oh Dios, haz que seamos lo que fuimos, haz que brille tu rostro y seremos liberados.”

Gloria al Padre, al Hijo y al Espiritu Santo. Amén.

4. Acción misionera (actio). Hágase en mi según tu palabra

Todo encuentro con el Señor de la vida, presente en su Palabra, culmina en la misión. Hay que cumplir la Palabra, para no ser condenado por ella. La Palabra, si se ha hecho con sinceridad los pasos anteriores, posee luz suficiente para iluminar nuestra vida, y fuerza para ser llevada a la práctica. El fruto esencial de la Palabra es la caridad. Deberíamos acabar pronunciando las palabras de la entrega misionera del profeta ante el Señor, que pide nuestra colaboración : “Aquí estoy, envíame” (Is 6,8). María, tras escuchar la Palabra y darle su aceptación, se puso en camino (Lc 1,39).

“Arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo”: ¿Cuáles son esos frutos que corresponden al Reino de Dios? ¿De qué manera están respondiendo nuestra Iglesia y nuestras comunidades al encargo de Dios?

El pasaje evangélico de hoy sirvió a la comunidad de Mateo para profundizar en su identidad como comunidad cristiana y para fundamentar la misión del anuncio del Evangelio a todas las gentes: ¿Cómo ilumina este pasaje nuestra comprensión de la Iglesia y nuestra misión?

Miguel Maestre, cmf

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