Volvemos a acercarnos en esta ocasión a una película que narra una historia real, en la que se mezcla el drama romántico, el biopic político, la crítica anticolonialista, y la llamada a la superación personal como camino para conseguir los logros que den sentido a la vida.

El heredero del trono de Bechuanalandia, Seretse Khama, estudia derecho en Londres. Hace apenas dos años terminó la II guerra mundial, conflicto en el que varios miles de habitantes de ese país (protectorado inglés en ese tiempo) lucharon en el ejército británico. El príncipe heredero se enamora y se casa con una joven inglesa, Ruth Williams, en contra de los deseos de su tío, regente de su país, y del gobierno británico que no quiere desairar al régimen sudafricano, que ve en la unión una prueba evidente de oposición a su política de discriminación de la población negra. Contra la oposición de todos (incluso de la familia de Seretse) ambos irán sorteando dificultades y conseguirán ser reconocidos por la población de Bechuanalandia. Sin embargo, el gobierno británico no cejará en su propósito de anular su unión para fortalecer su política colonialista de dominación en el sur de África. Diversas vicisitudes separan a los amantes durante un largo período de tiempo, pero la razón y la lógica se imponen, consiguiendo su propósito de mantener su relación y lograr el respeto a su país que en 1967 alcanzará la independencia pasándose a llamar Bostwana, como hoy es conocido.

Una vez más, el cine nos acerca a una historia de valores donde la igualdad, el respeto, la superación y la honestidad se enfrentan a la desigualdad, la imposición y la falsedad (representados, sobre todo, en el gobierno británico y sus ansias de posesión y colonialismo).

Se trata de una película muy agradable de ver que se detiene en un período y una historia personal enlazada con el destino de un país. Un reino unido nos ofrece una lectura crítica de determinados comportamientos que Gran Bretaña generalizó en los países de su área de influencia. La interpretación de sus protagonistas principales contribuye a dotar de verosimilitud la historia que vivieron. Una vez más el cine se constituye como reflejo de la realidad, aproximándonos a una narración que encierra valores de perenne actualidad.

Antonio Venceslá, cmf

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