Las relaciones paterno/materno-filiales han sido un tema recurrente en muchas películas. Con frecuencia, se trata de historias que se revisten con los ropajes del drama, ofreciendo un acercamiento difícil, a menudo agresivo o triste, que trasluce el rescoldo de viejas heridas. Es menos frecuente, acercarse a este tema desde la comedia. Me refiero a películas que pretendan abordar las relaciones humanas con rigor y seriedad. Toni Erdmann es un caso peculiar. Proviene de una cinematografía, la alemana, poco dada a la comedia. Al menos las películas que llegan a nuestro país suelen ser dramas que miran al pasado (con el período nazi como tema recurrente) o al presente (con el mundo de la difícil relación intercultural entre personas de distinto origen), desde una óptica poco complaciente y nada dada a la mirada amable. En este caso, encontramos una comedia que en su mayor parte no provoca carcajadas, sino una sonrisa que esconde cargas de profundidad contra un estilo de vida basado en el éxito como objetivo y la vaciedad como telón oculto.

Toni Erdmann aborda la vida insatisfecha entre Inés, una ejecutiva alemana, que trabaja en una consultoría que está asesorando en Bucarest a una empresa petrolífera rumana, deseosa de situarse en una posición destacada en su sector, aun a costa de medidas perjudiciales para sus trabajadores (regulación de plantilla, deslocalizaciones). Inés visita a su padre, un hombre que no parece tomar en serio casi nada, profesor de música jubilado y divorciado. Éste le devuelve la visita de manera imprevista, rompiendo su establecido mundo. El padre observa el estilo de vida de su hija, el ritmo de trabajo, siempre pendiente del móvil y los correos electrónicos, el mundo de apariencias en que vive y, presintiendo la infelicidad que la rodea, decide permanecer en Bucarest, sorprendiéndola en los lugares más inesperados, bajo el disfraz de un tal Toni Erdmann, que se inmiscuye en reuniones y conversaciones, en recepciones y restaurantes, presentándose bajo personalidades dispares y haciendo de la broma su tarjeta de visita. En algunos momentos, Inés le sigue la corriente; en otros, se siente confundida, incapaz de comprenderlo, deseando que la deje en paz y regrese a Alemania. Pero algunas situaciones le van haciendo tomar conciencia del vacío en que vive (la larga escena de su fiesta de cumpleaños es la culminación de ese proceso de reconocimiento), y poco a poco se va produciendo un acercamiento a los valores que promueve su padre.

Toni Erdmann fue la gran triunfadora en los premios del cine europeo en 2016 (película, dirección, guion, actor y actriz). No resulta exagerado tanto reconocimiento, aunque es verdad que sus dos horas y media hubieran requerido un trabajo de montaje que abreviara algunos pasajes.

 

Antonio Venceslá, cmf

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