“Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas”. 

El evangelio de hoy nos invita a estar en vela esperando la venida del Señor. Pero en esta espera ni mucho menos hemos de tener una actitud pasiva y de brazos cruzados. Todo lo contrario. 

Ha de ser una espera que nos lleve a una entrega sin cansancio a la construcción del Reino y al anuncio del Evangelio. 

Porque el Señor está viniendo constantemente a nuestras vidas. En medio de nuestros trabajos diarios se hace presente el Señor. En medio de nuestro deporte, en medio de nuestro tiempo libre, en medio de nuestra diversión también está presente el Señor. 

En medio de nuestra enfermedad también está presente el Señor. 

Y, por supuesto, en medio de nuestra actividad apostólica y en nuestra oración. 

Celebramos hoy la fiesta de un gran misionero que siempre estuvo en vela y con las lámparas encendidas para servir al Reino de Dios: San Antonio María Claret supo vivir en vela y se dejó llevar en todo momento por el soplo del Espíritu. 

Su vida fue una continua respuesta a lo que el Espíritu le iba mostrando como lo más urgente, oportuno y eficaz. 

Felicidades en este día por lo que de claretiano lleves en tí. 

Que como Claret sepas tener siempre encendida tu lámpara para que cuando llegue el Señor sepas descubrir su presencia.

Buenos días.

Antonio Sanjuán, cmf

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