El genocidio perpetrado por el imperio otomano contra la población armenia, saldado con la muerte
de más de un millón de personas en la segunda década del siglo XX ha sido uno de los más tristes y
oscuros acontecimientos sucedidos en un siglo tan convulso. A día de hoy el gobierno turco sigue
sin reconocer lo sucedido. Sin embargo, el cine se ha acercado a ese hecho en diversas ocasiones.
Ararat, del realizador canadiense de origen armenio Atom Egoyan, o El padre, del realizador turco-
alemán Fatih Akin han retratado el acontecimiento. Ahora otra película, La promesa, nos acerca a la
tragedia. Con el telón de fondo del conflicto, asistimos al drama vivido por un joven armenio,
estudiante de medicina en Estambul, que ve cómo su mundo se derrumba y sus familiares perecen a
manos de los turcos. En ese contexto, se narra la historia amorosa protagonizada por el mencionado
joven médico, un periodista norteamericano y una joven armenia de la que los dos se enamoran. En
sus imágenes resuenan los ecos de los dramas con trasfondo histórico filmados por David Lean,
caso de Doctor Zhivago, o La hija de Ryan, aunque sin la carga de cierta grandilocuencia que
adornaba las películas citadas. No obstante, la preeminencia del paisaje, la simplificación de la
narración del conflicto (no conviene hacer un relato más denso de lo permitido por el gran público)
y ciertos apuntes de corte historicista logran que la película no termine de adoptar un estilo o una
óptica definida.
El resultado es una película correcta, realizada por el director inglés Terry George con intervención
de un equipo artístico y técnico internacional, en el que intervienen algunos actores españoles. Una
vez más, el cine retrata la historia, y nos acerca a un drama poco conocido. Siquiera por el propósito
de crear un sentimiento de empatía hacia los perseguidos de entonces y a tantos que sufren también
hoy persecución y violencia, merece la pena la propuesta.

Antonio Venceslá, cmf

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