En 2011 la llamada “primavera árabe” provocó la caída de los regímenes de algunos países árabes. El efecto dominó de ese fenómeno llegó también a Siria. El presidente Assad reaccionó a las protestas de sus ciudadanos y ello dio inicio a una larga guerra que aún continúa. El conflicto ha provocado el exilio de miles de sirios que han llegado a Europa, dando lugar a un éxodo de refugiados que no se veía en Europa desde el fin de la segunda guerra mundial. En este contexto situamos El otro lado de la esperanza. El realizador finlandés Aki Kaurismäki, asiduo visitante de historias protagonizadas por gentesde las clases más desfavorecidas, y dotadas de un humor muy peculiar, retrata en esta película de título tan sugerente la historia de dos personas que por distintas razones han dado un giro radical a sus vidas. Uno es un refugiado sirio que, obligado a salir de su país, tras un largo periplo por varios países europeos, termina su viaje en Finlandia, porque el barco en el que había embarcado como polizón, se dirigía a ese país. Allí solicita asilo político, alegando que lo ha perdido todo, su familia ha muerto a consecuencia de la guerra, solo le queda una hermana con la que emprendió el largo viaje, pero de la que tuvo que separarse, ignorando su paradero actual. Otro es un vendedor de camisas que, voluntariamente decide abandonar la vida que ha llevado, se separa de su esposa, vende su negocio y adquiere un restaurante que solo funciona a medias, y que da pie a algunos toques de humor, debido a los empleados que lo atienden, y también a los diversos recursos que ponen en marcha para mejorar el funcionamiento del establecimiento. La historia de los dos protagonistas termina confluyendo en la puerta trasera del restaurante, donde el refugiado se esconde huyendo de la policía que quiere repatriarlo a su país.

Reconozco que es una película extraña por los personajes que pueblan sus imágenes. Viene adornada con un sentido del humor con el que puede ser difícil sintonizar. Pero en su simplicidad, El otro lado de la esperanza nos muestra una variedad de hombres y mujeres (ciudadanos finlandeses o asilados extranjeros) que saben ser acogedores y no miran con recelo al extranjero recién llegado. Los casos de xenofobia (que también los hay) son mínimos en el conjunto de la historia, y dan lugar a uno de los gags humorísticos que enmarcan la película, a costa de la identidad del refugiado.

En todo caso, se trata de una película sencilla de ver, con un ritmo pausado y pocos diálogos, que nos permite acercarnos a una historia de actualidad, eco de tantas situaciones vividas por quienes

llegan a Europa huyendo de la violencia y en busca de condiciones de vida dignas.

 

Antonio Venceslá, ,cmf

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