Vuelvo a leer a José María Toro y me encuentro con un texto que me parece clarificador…: «El creer que no me lleva a crear es estéril «.
Qué suerte encontrar párrafos pare meditar, recrearse y compartir.
Deseo que también este curso estos «párrafos con corazón» te sean provechosos a ti.

José Manuel Caselles, cmf

Al decir “yo creo” puedo estar abriendo la puerta de las imaginaciones, de las suposiciones, de las sospechas, de las opiniones o de los juicios. Me adentro en el ámbito de lo mental, de lo intelectual, de lo reflexivo o especulativo y de lo discutible y me adhiero intelectualmente a una formulación o a una idea.
Pero también puedo estar abriendo otra puerta, la de la confianza y la creación. Entro de lleno en los espacios del corazón y de la entrega. Todo yo me entrego al crear algo.
La creencia es algo prestado de fuera que interiorizo, que hago mía y que puede convertirse en carta de presentación, en ropaje y en máscara de quien creo que soy.
La creación es algo que brota de dentro y es expresión de mi más profundo ser.
Edificar la vida sobre las creencias es construir sobre arenas movedizas. Las creencias, a pesar de la tremenda fuerza que tienen para configurar caracteres, personalidades e incluso visiones del mundo, son tremendamente frágiles.
Ha bastado una declaración vaticana para que una creencia, la existencia del limbo, arraigada durante cientos de años y que generó un sinfín de angustia y sufrimiento a las madres creyentes cuyos hijos morían sin ser bautizados, se haya derrumbado como un castillo de naipes.
El creer que no me lleva a crear es estéril.
Las creencias que no me recrean ni me renuevan sino que me instalan en el estancamiento o en el inmovilismo son infecundas y yermas.
Las creencias terminan muchas veces cristalizadas y enquistadas en dogmas férreos que en lugar de crear matan. Matan el espíritu libre y creativo.
Las creencias fundan ortodoxias. Las creaciones son siempre expresión de la vocación heterodoxa de una vida que está en el permanente movimiento y que cambia y evoluciona.
Creer sólo tiene sentido y alcanza su plenitud cuando se convierte en fuente de creación, de creación de forma superiores de vida y convivencia.
Yo creo en un Dios “creador”, no en un Dios de creencias. Dios no configura mapas conceptuales sino paisajes en los que uno se conmueve. Dios no elabora teorías sino seres de carne y hueso. Dios no establece dogmas de pensamiento sino “mandamientos de amor”, orientaciones de conducta y pautas creativas para la convivencia gozosa. Siento a Dios más místico y artista que teólogo. Siento que Dios no me invita tanto a creer en El cuanto a sentirlo como una realidad viva en mí, en aquello que vivo y en cuanto me rodea.
La diversidad infinita del cosmos me avisa de un Dios heterodoxo, hereje de uniformismos y tejedor de la unidad en la diversidad.

José María Toro

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