«Vino Juan el Bautista que ni come pan ni bebe vino, y decís: que tiene un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: mirad que hombre más comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores».

La línea que en su vida siguió Juan el Bautista fue una línea de dura austeridad. Viviendo en el desierto, se alimentaba de insectos y miel silvestre. Llevaba esta austeridad también en su forma de vestir e incluso en su forma de relacionarse con los demás.

Muy distinto es Jesús. Su austeridad sólo tiene un motivo y un fin: La proclamación del Reino y el servicio incondicional a los demás. Sólo va al desierto para orar al Padre y confirmar su misión. A Jesús lo vemos rodeado siempre de gente. Relacionándose con todos aquellos que lo buscan o que Él busca.

Cóme con la gente, habla con la gente, se preocupa por la gente, se alegra con la gente e incluso llora con la gente.

Vive tú como Jesús también en la austeridad. 

Pero, también como Jesús, saborea la vida. Ábrete a la relación y a la convivencia. Vive los gozos y las angustias de tu gente y de tu mundo. 

Y que tu austeridad siempre esté motivada y sea causada por tu amor y entrega a los demás.

Buenos días.

Antonio Sanjuán, cmf

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