“Bienaventurados los pobres… Bienaventurados los que ahora tenéis hambre… Bienaventurados los que ahora lloráis… Bienaventurados cuando os odien, os excluyan, os insulten y proscriban por causa del Hijo del Hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo”.

Una de las grandes aspiraciones del ser humano es el ser feliz. Y cada cual basa su felicidad en algo o en alguien.

Jesús, como nuevo Moisés que da una nueva ley, nos indica hoy el camino de la felicidad y nos dice que la verdadera felicidad y la auténtica dicha no se basan en el tener sino en el ser. No está en tener dinero, fama, triunfos, poder…

Muy contrario es el programa que nos propone Jesús. Se basa en la pobreza, en el compartir, en la humildad y la sencillez de corazón, en no buscar los propios intereses sino los intereses de los demás…

En definitiva, es el mismo programa en el que se basó la misma vida de Jesús. 

Como hemos comentado alguna vez, su programa consiste en ceñirse bien la toalla y mancharse bien las manos y el mandil sirviendo a los demás.

Buenos días.

Antonio Sanjuán, cmf

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