La metáfora ha sido un recurso frecuente para desarrollar historias de tono crítico con realidades concretas. Y esto sucede como medio para evadir la censura en los países donde no es posible expresarse libremente, o como recurso expresivo para comunicar ideas a partir de historias, que amplían su capacidad de comunicación más allá de la narración concreta. Creo que esta última razón justifica el tono de La profesora, película que viene de la cinematografía de Europa del Este, y retrata un episodio sucedido en Checoslovaquia durante la etapa comunista.

La profesora del título llega a un colegio en Bratislava donde, con buenas formas y bonitas palabras, comienza a tejer una tupida red de intereses para conseguir su propio beneficio. Abusando de su posición (como docente y como figura importante del Partido Comunista de la ciudad) pone en marcha mecanismos de manipulación y servilismo para poner a su servicio a alumnos y padres. Y todo ello lo hace adoptando formas educadas y jugando hábilmente con los sentimientos de aquellos que pueden prestarle un servicio que haga más cómoda su vida. La situación alcanza cotas tan exageradas (alumnos que limpian su casa, le hacen la compra…), e incluso dramáticas (el intento de suicidio de una niña) que obligan a algunos padres a intervenir y presentar una queja contra sus métodos. La directora del colegio (que también sufre la presión ejercida por la profesora) convoca una reunión con los padres de los alumnos para aclarar la situación.

La historia no se desarrolla linealmente, sino que el guion de la película juega hábilmente con el tiempo fílmico. La reunión de padres alterna con la descripción de las situaciones que han provocado el hondo malestar que sufren padres e hijos.

Decía al comienzo que se trata de una parábola: a partir de la situación vivida en el colegio (entendido como un microcosmos representativo de otra realidad más amplia) el realizador amplía su radio de acción a la situación vivida en el país. Nos dice que la situación social en el régimen totalitario que imperó en Checoslovaquia estuvo salpicada de situaciones interesadas, manipulación y actitudes absorbentes. La historia se desarrolla en 1983, cuando aún el régimen comunista dominaba todas las esferas del país. El final de la película (ubicado cuando ya ha caído el muro de Berlín y el régimen comunista ha desaparecido) revela la pervivencia de estas formas de opresión, aunque cambien las circunstancias y se manifiesten en contextos distintos. Parece decirnos así que lo descrito forma parte de la naturaleza humana.

La actriz protagonista dota a su personaje de una maldad y capacidad de manipular que la hacen detestable, haciendo muy difícil empatizar con ella.Su comportamiento nos recuerda cómo los intereses y torcidas intenciones pueden subvertir el noble papel que un docente está llamado a desempeñar.

 

Antonio Venceslá, cmf

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