10 Septiembre 2017. Mt 18, 15-20

Qué fácil nos resulta juzgar cualquier actuación de los demás, y cuando lo hacemos nos estamos colocando como en una situación superior, por encima de ellos, con la razón y la verdad de nuestro lado. Casi me atrevo a decir que, si juzgamos, inmediatamente condenamos, aunque no lo expresemos, pero lo sentimos.

En tiempos de Jesús y en los primeros grupos cristianos también debía pasar algo así, para que Jesús nos indicara claramente cuál ha de ser la postura del discípulo: “si tu hermano peca, repréndelo a solas”. Llámale la atención para que reconozca su fallo. Pero desde la humildad, desde el amor al hermano. Procurando ganarse al hermano, sin echarle nada en cara, sin sentirnos superiores. Es la única manera de ser “hermano”, de crear comunidad. Si Jesús nos dice que llevemos a cabo la corrección fraterna es porque, de alguna manera nos considera responsables de los demás. Al cristiano no le vale pensar que no ha de meterse donde no le llaman, o no querer complicarse la vida, que es mucho más cómodo. No podemos “pasar” de los demás. Tenemos con ellos una “deuda de amor”, nos dice san Pablo. Es con ellos con quienes podemos y debemos orar para así hacer presente a Jesús entre nosotros.

Juan Ramón Gómez, cmf

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