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«Una voz que me dice…”

(S. A. Mª. Claret. Autobiografía 114)

PRÁCTICA DE LA LECTIO DIVINA EN GRUPO

03 de Septiembre de 2017: XXII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

Disposición espiritual.

Haz silencio, exterior e interior. Invoca al Espíritu Santo con esta u otra oración: ¡Oh Señor Jesús!; te pido la alegría de comprender puramente tus palabras, inspiradas por tu Santo Espíritu. Amén.

Texto: Mt 16, 21-27

1. Lectura (lectio). Lo que el texto dice

Lee y relee tranquila y detenidamente este pasaje bíblico fijándote bien en todos los detalles. Descubre sus recursos literarios, las acciones, los verbos, los sujetos, el ambiente descrito, su mensaje. Tras un momento de silencio descubrimos juntos qué dice el texto.

Con el pasaje de hoy comienza la tercera y última parte del evangelio de Mateo. El evangelista nos ayuda a distinguir el es quema de su obra utilizando la fórmula “desde entonces comenzó Jesús…” que encontramos aquí (Mt 16,21) y en el comienzo de la segunda parte (Mt 4,17). Estos capítulos finales contienen la enseñanza de Jesús a sus discípulos acerca de su destino sufriente y terminan con la consumación de ese destino a través de muerte y resurrección. Mediante los anuncios de pasión, Jesús da un paso más en la instrucción a los discípulos: su camino mesiánico hacia la resurrección pasa por el suplicio y la muerte. Tras el primero de estos anuncios, el pasaje muestra la reacción de Pedro y la respuesta de Jesús (vv. 22-23), y continúa con una instrucción más larga a los discípulos (vv. 24-28).

como en otras ocasiones que encontramos en el evangelio, Pedro asume la tarea de portavoz de los discípulos. Pedro no encaja bien el anuncio de Jesús: “Dios no lo quiera, Señor; no te ocurrirá eso.” Pueden ser las palabras de un amigo que no acepta un anuncio nefasto, o las de quien teme que el anunciado para el Maestro sea también de aquellos que le siguen. Pero se trata de nuevo de las palabras de un nuevo tentador que pretende apartar a Jesús de su destino y conducirlo hacia el de un Mesías glorioso. Si continuamos con la lectura veremos esto con más claridad.

El apelativo “Satanás” recuerda la última tentación del desierto (Mt 4,10). Jesús debe cumplir lla misión del Padre, y Pedro, como antes Satanás, se lo quiere impedir. En el relato de las tentaciones, Jesús ordena al demonio que se marche, que se aleje de su vida, y en ese sentido han traducido muchos las palabras de Mateo 16,23: “Apártate, retrocede…”. Sin embargo lo que Jesús ordena a Pedro es que no se ponga delante de él como un obstáculo, sino detrás como un discípulo. Las palabras de Jesús son una nueva invitación al seguimiento: “Ponte detrás de mí”, deja de pensar como los hombres y piensa como Dios. Es una renovación de la llamada que le hizo en la orilla del lago cuando pescaba con su hermano Andrés: “Venid detrás de mí” (Mt 4,19). Y es, finalmente, una invitación a él y atodos los discípulos a caminar tras las huellas de Jesús y compartir su destino. En la instrucción de Jesús a los discípulos que encontramos en los siguientes versículos propone las exigencias para seguirle.

La enseñanza de Jesús que amplía lo dicho a Pedro, comienza repitiendo la fórmula de la vocación, “venid detrás de mí”, y a continuación propone las exigencias o, mejor, las consecuencias del seguimiento. La expresión “renunciar a uno mismo” sugiere la idea de dar de lado el propio proyecto, la propia mentalidad, para vivir según el proyecto de Dios. Y el “cargar con su cruz” no expresa sólo el ser capaces de sufrir por la causa de Jesús, sino sobre todo la opción de una vida orientada, como la de Cristo, por la obediencia a la voluntad del Padre. Así el creyente contempla su existencia en el horizonte de la cruz y la resurrección del Señor. El evangelista no anima a acoger un ideal de vida basado en la adicción al sufrimiento ni a la pérdida de una sana autoestima: el ideal propuesto es el de una vida que tiene como centro la entrega total, a ejemplo de Cristo.

Los versículos finales (Mt 16,25-27) corroboran esta visión del seguimiento de Jesús. El discípulo no puede convertir el deseo de salvar la vida en el objetivo de su existencia, porque la vida de verdad, que transciende la presente, es un regalo del Hijo del hombre. La adhesión total a Jesús que nos “des-centra” de nuestro propio yo, es la que nos va fraguando como creyentes y las que nos hace como comunidad de discípulos nacida de él.

2. Meditación (meditatio). Lo que el texto me dice

Permite que lo leído baje hasta el corazón y encuentre en él un centro de acogida donde pueda resonar con todas las vibraciones posibles. Es Dios mismo quien te atrae y te habla al corazón. Se trata de una “rumia” -ruminatio- que va haciendo que la Palabra vaya calando dentro, hasta quedar del todo hecha carne propia. Déjate seducir por la Palabra. Sigue sus hondos impulsos. Quédate con algún verso o frase.

De los rasgos de la persona de Jesús que hemos descubierto en el pasaje, ¿cuál me parece el más sugerente en este momento de mi proceso de fe?

Como le ocurrió a Pedro, nuestro seguimiento de Jesús, es un cuadro pintado con luces y sombras: ¿Recuerdo algún momenteo de crisis de fe en mi vida cristiana? ¿Cómo he sentido de nuevo la llamada del Señor a ser un discípulo?

En el anuncio de la pasión se contiene un anuncio de la resurrección de Jesús: ¿qué cambiaría en nuestra vida si fueramos capaces de contemplar nuestras cruces y sufrimientos diarios desde el misterio de la resurrección?

3. Oración (oratio). Lo que yo digo a Dios y lo que Dios me dice a partir del texto.

Habla ahora a Dios. La oración es la respuesta a las sugerencias e inspiraciones, al mensaje que Dios te ha dirigido en su Palabra. Haz silencio dentro de ti y acoge las palabras de Jesús en tu corazón. Ora con sinceridad con confianza. Orar es permitir que la Palabra, acogida en el corazón, se exprese con los sentimientos que ella misma suscita: acción de gracias, alabanza, adoración, súplica, arrepentimiento… Es el momento de la celebración personal y comunitaria. Sobre todo, deja hablar a Dios nuestro Padre. Practicando estas palabras, terminarás por transformarte en El

Jesús nos llama de nuevo a seguirle. El camino que recorremos detrás de él cada dia, los descansos para compartir el Pan y la Palabra, hacen que vaya creciendo nuestra intimidad con el Señor, que vayamos acomodando nuestros pasos a los suyos, nuestra vida a la suya. El grupo de los discípulos es numeroso. A todos tenemos presentes en nuestro diálogo con Jesús.

Compartimos nuestra ORACIÓN.

Letra de seguir los pasos de Jesús:

Perder la vida, tomar la cruz seguir los pasos de Jesús,

amar con su forma de amar, perder la vida para ser luz.

Darse por el que nadie amó, darse por el abandonado que espera ver amanecer.

Prestar oído a su clamor, amar como un enamorado a aquél que nadie quiere ver.

Gritar que Dios no está dormido y está dándonos su fuerza, que va sembrando libertad.

Gritar que el odio no ha vencido y la esperanza no está muerta, y Dios invita a caminar.

Andar caminos aún no andados, saltar abismos y fronteras, ir donde nadie quiere ir.

Darle la mano al que está solo y que ya todo lo ha perdido, darle la fuerza de vivir….

4. Acción misionera (actio). Hágase en mi según tu palabra

Todo encuentro con el Señor de la vida, presente en su Palabra, culmina en la misión. Hay que cumplir la Palabra, para no ser condenado por ella. La Palabra, si se ha hecho con sinceridad los pasos anteriores, posee luz suficiente para iluminar nuestra vida, y fuerza para ser llevada a la práctica. El fruto esencial de la Palabra es la caridad. Deberíamos acabar pronunciando las palabras de la entrega misionera del profeta ante el Señor, que pide nuestra colaboración : “Aquí estoy, envíame” (Is 6,8). María, tras escuchar la Palabra y darle su aceptación, se puso en camino (Lc 1,39).

“Si alguno quiere venir detrás de mí.”: ¿Sabemos asumir las consecuencias que tiene para nosotros seguir a Jesús, aunque sean dolorosas?

“Tus pensamientos no son los de Dios”: ¿Podría Jesús recriminarnos lo mismo que a Pedro? ¿Qué estamos haciendo para que en nuestra vida prevalezca el sentimiento, el criterio, el punto de vista de Dios?

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