Destaca en El fundador una secuencia ubicada en el primer tercio de la película, en la que los hermanos McDonald explican a RayKroc, poco exitoso vendedor de batidoras, cómo han ideado el pequeño y floreciente negocio que han establecido en una ciudad californiana. Estamos en los años cincuenta del siglo pasado. Dicho negocio no es otro que un restaurante de comida rápida, a base de hamburguesas y todos sus condimentos. Algo que hoy resulta familiar, pero que en aquel momento era muy innovador. La secuencia me parece reveladora por lo que tiene de reflejo del carácter imaginativo, emprendedor… y sincero de ambos hermanos. Y es que los McDonald no sospechaban ni por asomo lo que podía dar de sí su iniciativa (algo así como lo sucedido a los hermanos Lumiére, que pensaron en el cinematógrafo como una simple diversión de feria). El caso es que el vendedor de batidoras queda impresionado por la idea y decide aliarse con los hermanos para montar una cadena de restaurantes que distribuyan la misma idea por todo el país. Para garantizar que todo se ajuste a las directrices de los iniciadores de la idea, RayKroc (que es el protagonista de la película) firma un contrato con ellos comprometiéndose a respetar los modos y maneras de actuar de los dos hermanos. O sea, la película narra el nacimiento del imperio McDonald’s, que tiene repartidos por todo el mundo incontables establecimientos de comida rápida que alimentan, nos dicen unos rótulos finales, al 1% de la población mundial.

Unas declaraciones del RayKroc original nos recuerdan con toda naturalidad que en los negocios “impera no la ley del más fuerte, sino del más desalmado” (que a menudo son coincidentes, podemos añadir). Y es que la película describe también el progresivo descenso moral (ascenso económico, dirá él) de RayKroc que hace cualquier cosa para aumentar los beneficios y conseguir erigirse, así se autotitula, en “fundador” de McDonald’s, marginando y privando a los hermanos fundadores de su capacidad de decisión y del reconocimiento merecido.

El fundador podría también considerarse una prueba práctica del funcionamiento del sistema capitalista: mayor beneficio a costa de lo que sea, sin reparar en medios y escrúpulos morales. La película no se detiene en dilemas éticos, sino que describe los hechos sucedidos, las alianzas que RayKroc estableció para conseguir sus propósitos, los medios utilizados, el deterioro de su vida personal. Como señala al final, el “fundador” (mantengamos las comillas pues queda claro en la película que él no fue quien gestó la idea original, y ni siquiera tuvo la iniciativa que revolucionó el sector alimentario y aumentó los beneficios) se convierte en una persona desalmada, intrigante, que no se detiene ante nada para conseguir sus propósitos. Aunque, como he dicho, el guion no se detiene en dilemas éticos, cualquier espectador atento sabrá deducir de la historia conclusiones morales.

 

Antonio Venceslá, cmf

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