Esta semana Tomás Apóstol (3 de Julio) nos enseña algo sumamente importante: el paso de la duda a la fe.
Y es que, como él, necesitamos ayudas para la fe, como comenta sabiamente el periodista Martín Descalzo en su obra “Los 11 testigos”: “Ya me conocéis. Sabéis que soy un hombre que no sabe creer más que lo que toca, que no me gustan los sueños ni los misterios”…

Así, cuando Jesús afirma “en la casa de mi Padre hay muchas moradas… Y a donde yo voy sabéis el camino”, interviene Tomás, que necesita señales: “No sabemos a dónde vas; ¿Cómo podemos conocer el camino?”. Y la respuesta de Jesús: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,1-6). Entonces Tomás se tomó en serio eso de que Jesús era el camino. De hecho es suya la exclamación “¡Vamos a morir con él!” (Jn 11,16). Pero a la hora de la verdad también él se puso a dudar: “Si no veo las señales de los clavos en sus manos, si no meto mi mano en la herida abierta de su costado, no creeré que Jesús haya resucitado…”. (Jn 20, 25) Sin embargo, al final, tras comproblarlo, se rindió: “¡Señor mío y Dios mío!”. (Jn 20, 28) Así se convirtió en “influencer” para los demás. Su duda se convirtió para todos en certeza. Jesús ha resucitado y nos alimenta con su cuerpo y con su sangre, aunque nos parezca una locura y nos cueste comprenderlo.

¿Y tú? ¿Has pasado de la duda a la fe? ¿Has encontrado “signos” para creer?

Antonio Bolivar, cmf

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