(Azra… una de tantas víctimas inocentes de la tragedia de Siria)

Desde la indignación que vivo y siento
en esta hora incierta y fugitiva,
tu rostro destrozado y tu lamento

me han puesto el corazón a la deriva
por las esquinas frías de mi llanto
en la estrecha prisión de tu sed viva.

Como un misil de rabia y desencanto,
me ha estallado la paz entre tus besos,
gaviotas de luto y de quebranto.

Azra, pequeña hermana de la luna
rota, azahar marchito en pleno vuelo,
de tez morena y brillo de aceituna.

Hoy lloran las palmeras por los cielos
de Alepo, y en tu llanto de ola en ola
se oscurece la tarde y mis anhelos.

Azra, ¿quién te robó las caracola
de tus sueños en esa madrugada
de vidrios verdes, rabia y amapola?

Ya no bebe la alondra en la cascada
de tus ojos, y aquí, solo y a solas,
adivino el perfil de tu mirada.

Reclamo por la arena de estas dunas
la huella de tus pies que me convida
a pleamar de estrellas y de lunas.

En el nombre de Dios que ama esta tierra,
el Dios de los mil nombres, tuyo y mío,
el Dios de los mil rostros: ¡NO A LA GUERRA!

En el nombre de Dios que hizo tu tierra,
descalzo por la Meca y el desierto,
Azra, en nombre de Alá: ¡NO A LA GUERRA!

Blas Márquez, cmf

[Al hilo de este poema os proponemos leer la carta que el SOMI -Secretariado Solidaridad y Misión– de los Misioneros Claretianos de Bética ha escrito en torno al drama de los refugiados en Europa, de modo particular los sirios]

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