Al atardecer de ese mismo día, les dijo: «Crucemos a la otra orilla»(Mc 4,35)

Un día de estos, no sé cuándo…
Un día de estos, si aún es posible
doblar la esquina de los miedos
y empapelar las calles de luciérnagas…

Un día de estos dejaré la barca
y enterraré los remos en la arena.
Me ceñiré las redes y las olas,
efímera coraza
para abrazar los nuevos oleajes.

Un día de estos, no sé cuando…
dejaré por fin la barca
y pasaré  en silencio a la otra orilla.
El éxodo despierta siempre el alba
y coloca al revés el calendario.

La orilla de Cafarnaúm
está en calma. No inquietan las preguntas
el sabor de la sal ni el tacto
de un mar amaestrado.

Cruzar a la otra orilla es desnudar el tiempo
y borrar las pisadas en la arena amarilla
de los sueños marchitos.

La orilla de Genesaret
está desnuda, pero inquieta el beso
de las primeras olas que acarician
mis pies desnudos
.
El sabor de la sal desgarra el labio
y sus cristales hieren los sueños iniciales.

Sé que el mar abrirá su vientre
y las olas calladas anudarán sus manos
para un baile de arañas y oleajes
que  enredarán mis lunas entre las redes.

El tiempo por sí solo
no cicatriza las heridas
ni hace reverdecer la brisa
enredada en los vientos del hastío.
¿Las fotos? Las fotos no lloran,
pero estremece el tacto.

Ya no tengo respuestas.
Solo las hojas verdes
de las nuevas preguntas y las caricias leves
de las horas azules.

Un día de estos, no sé cuándo…
Un día de estos dejaré la barca
y enterraré los remos en la arena.

Blas Márquez, cmf

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