Hace unos años se estrenaron en nuestro país American History X y El creyente, películas que, en el contexto estadounidense, se acercaban al fenómeno de los grupos de extrema derecha, de filiación neonazi. También La ola, película alemana de 2008, alertaba sobre los peligros de los extremismos. Hoy comento Guerrera (Sangre y honor), película también alemana que afronta el tema desde una perspectiva femenina, en tanto son dos chicas las protagonistas de la historia. La primera es Marisa, una joven influenciada por la memoria de su abuelo materno de quien recibió educación y valores acordes con una mentalidad de corte xenófobo. La secuencia inicial nos muestra el cariz de dicha educación, e inmediatamente la vemos ejerciendo de racista militante, enfrentada a todos, manifestando actitudes egoístas y violentas. Está integrada en un grupo neonazi y participa de la ideología y modos de comportarse de los miembros del mismo. Otros matices nos ofrecen un retrato más completo de su historia (trabajo precario, distanciamiento de su madre…) La otra protagonista, Svenja, es una adolescente que progresivamente se va distanciando de su familia, de un padre absorbente y dominador, y se va sintiendo cautivada por los ritos y valores del grupo neonazi donde milita Marisa. Ésta va ejerciendo en Svenja una influencia poderosa que la lleva a tomar decisiones de ruptura con su vida para integrarse en el grupo.

El contacto con un joven afgano refugiado en Alemania (un colectivo inicialmente denostado y maltratado por Marisa) va trastocando las ideas de ésta que, sin saber muy bien por qué (la película no se detiene demasiado en explicitar las razones), decide ayudarle, incluso defenderle en una situación de agresión. Esto la lleva a distanciarse del grupo extremista, atrayendo a Svenja para sacarla del círculo enviciado en que está metiéndose.

Todo ello está descrito utilizando los modos rutinarios de los grupos extremistas y adornando el transcurso de la historia con lugares comunes, cierto maniqueísmo, y muy débil profundidad. No queda clara la motivación de Marisa para emprender un rumbo distinto a su vida. Svenja parece sujeta a los vaivenes de su rebeldía adolescente que la lleva a expresiones y conductas disruptivas con la educación recibida, y movida por Marisa a emprender un camino de regreso muy poco justificado. Bien cierto es que, tratándose de una adolescente, la búsqueda de formas de pensar y de vivir que le den solidez y seguridad, la lleva a fluctuar en direcciones incluso opuestas, tratando de encontrar su lugar.

En todo caso, Guerrera nos acerca a modos de vida que, aunque minoritarios, suscitan la reflexión y promueven un debate sobre su relevancia social.

 

Antonio Venceslá, cmf

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