16 Julio 2017. Mt 13, 1-23.

Este domingo Jesús nos cuenta la parábola del sembrador: echa las semillas y parte caen en el camino y se la comen los pájaros; otras caen entre piedras y se secan; otras entre zarzas, que la ahogan y no la dejan crecer; y otras caen en tierra buena, y dan fruto. Pero no todas por igual.
Jesús la explica a los discípulos: la semilla es la Palabra de Dios y nosotros la tierra donde cae. Y cada uno la recibe a su manera: ¿La recibo y me olvido?¿Se queda todo en buenas intenciones?¿Puede más el ambiente y el qué dirán?¿Tiene alguna influencia en mi vida?¿Supone para mí algún tipo de compromiso?
La Palabra es un regalo que Dios nos hace, pero también un compromiso, pues necesita que cuidemos el terreno, que reguemos, que quitemos malas hierbas… Ella es eficaz por sí misma, da fruto. Pero de nosotros depende el tanto por ciento.
Después de explicar las parábolas, Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Habéis entendido esto?”. Ojalá podamos decir que sí, pues se cumplirá otra bienaventuranza que Jesús añade a su lista: “Dichosos vuestros ojos porque ven, y vuestros oídos porque oyen”.

Juan Ramón Gómez, cmf

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