“Os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros”. 

Qué fácil nos resulta juzgar a los demás y usar la medida que a nosotros nos conviene o creemos que debemos de usar. 

Y únicamente quien tiene las medidas para valorar y juzgar es nuestro Padre Dios. 

Su medida siempre es el amor y la misericordia. Por eso nunca podemos sentirnos condenados por Él y por eso tampoco nosotros debemos condenar a nadie.

Si tú eres medido o medida por Dios con amor y misericordia no juzgues a los demás con intransigencia y sin corazón. Acuérdate de lo que decía el Padre Claret: 

     “Tendré para con Dios corazón de hijo, 

     para conmigo mismo corazón de juez 

     y para con el prójimo, corazón de madre. 

Buenos días.

Antonio Sanjuán, cmf

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