«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial». 

Nos preocupamos mucho por la imagen, por el qué dirán, por las apariencias. Buscamos continuamente la aprobación y la admiración de los demás. Y así, vivimos continuamente en un estado de esclavitud, que no nos deja ser nosotros mismos y nos lleva incluso a vivir desde la mentira, la apariencia y la hipocresía. 

Ponte, una vez más, en la presencia de Jesús. Él fue un hombre libre. Pídele que te haga libre a tí también. 

Que tu oración y todas tus obras te broten de la sinceridad del corazón. Que para tí lo más importante no sea quedar bien ante los demás, sino quedar bien ante Dios y ante tí mismo. Esa es la fuente y tu alegría y de tu libertad. 

Buenos días.

Antonio Sanjuán, cmf

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