“Estáis equivocados por no entender la escritura ni el poder de Dios… Pues cuando resuciten los muertos, ni los hombres se casarán ni las mujeres serán dadas en matrimonio, serán como ángeles del cielo… No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados”.

En el evangelio de hoy nos encontramos con los saduceos, que negaban la resurrección de los que mueren. Su perpestiva no iba más allá de esta vida. Su futuro terminaba en la muerte. 

También hoy nos encontramos con esta postura saducea. Y a veces de unas formas muy disimuladas. Nos apegamos a tantas cosas que terminan con la muerte que perdemos la perspectiva de nuestra futura resurrección perdiendo también la perspectiva de lo que es realmente importante. Siempre es bueno que ampliemos nuestra mirada y que sepamos ver con relatividad todo lo que es relativo sabiendo valorar todo aquello que no acaba con la muerte sino que con ella se consolida y plenifica. Saber que no somos hijos de la muerte porque nuestro Dios no es un Dios de muertos sino un Dios de vivos. 

Buenos días.

Antonio Sanjuán, cmf

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