Siempre que me llegan noticias relacionadas con los refugiados, vienen a mi memoria las siguientes palabras de Jesús:

        “Fui forastero y me acogisteis.” (Mt 25,35)

        Y, junto con ellas, momentos de mi propia historia en que he sido “forastero” por cambios de grupo de amigos, instituto, parroquia, ciudad, país… y la necesidad que ha surgido en mí de ser acogido en cada una de estas situaciones.

        Seguramente, no soy el único que ha vivido así experiencias como estas, por eso es tan importante la regla de oro:

        “Tratad a los demás como queréis que os traten a vosotros. En esto consiste la Ley y los Profetas.” (Mt 7,12)

        Al final todo se resume a esto, ¿no?

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