(Publicamos esta poesía de Blas coincidiendo con este tiempo de “espera” del Espíritu. Con Él… la vida cobra pleno sentido: no todo se pierde)

No todo se derrumba con el tiempo.
Si fuera así,
¿qué sería la vida desde entonces,
desde esa tarde abierta y entregada
que engendró un paisaje humedecido
y abrió al revés el calendario?

No todo se interrumpe con el tiempo.
Si fuera así,
¿qué sería la vida desde entonces,
cuando tejimos
la luz con manos inocentes
y abrimos nuestros ojos sorprendidos
al árbol y a la lluvia,
a las rosas moradas de los besos,
a la ventana abierta de la risa
y a la dulce melancolía
que se deja la piel entre los pliegues
de un gozo sin contornos?

No todo se marchita con el tiempo.
Si  fuera así,
¿qué sería la vida desde entonces,
cuando sembramos
de lunas y latidos
un cielo revestido con nubes de azahares
para una boda inesperada
entre el cielo y la tierra que soñamos?

No todo se derrumba.
No todo se interrumpe.
No todo se marchita.

El tiempo pasa, pero queda el surco
abierto y nuestras manos.
Queda la lluvia azul y los corales
de la sangre. Nos queda la palabra
y una espiga amarilla entre los labios.
Y por quedar, nos quedan las pisadas
de los que ya se fueron, pero viven
apacentando
el rebaño de nuestras esperanzas.

Blas Márquez, cmf

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