La cinematografía india es la más prolífica del mundo. Sin embargo, apenas llegan a España producciones de ese país. En la mayoría de los casos se trata de dramas románticos con canciones acordes con la idiosincrasia india, lo que hace que su capacidad de empatizar con otros contextos sea muy difícil. No obstante, a veces surgen algunas producciones que intentan acercarse a la realidad de aquel país desde un intento de enlazar todo un mundo de tradiciones ancestrales con la modernidad representada en muchos jóvenes que intentan labrarse un futuro más acorde con las demandas del presente. Es el caso de 7 diosas, que nos acerca a la indefensión de muchas jóvenes, sometidas al acoso de los hombres. O Masaan, película que comento y nos acerca retazos de las vidas de algunos de esos jóvenes que viven en colisión permanente con costumbres difíciles de erradicar y con las que intentan convivir para progresar en sus vidas.

Masaan está estructurada como un conjunto de piezas que terminan por componer el todo que constituye la historia narrada, a modo de un puzzle. No se trata de algo original. Son varias las películas que adoptan la fórmula de “vidas cruzadas” que se yuxtaponen y, poco a poco, van enhebrándose para terminar formando parte de un todo. Babel, del mejicano Alejandro G. Iñárritu, Grand Canyon, de Lawrence Kasdan, o Crash, de Paul Haggis, son otros ejemplos. Y hay muchos más. Historias y vidas que se yuxtaponen mezclando tristeza y alegría, éxito y fracaso…

En Masaan, una joven informática ve cómo su vida se complica al ser sorprendida manteniendo relaciones con un amigo; su padre se ve sometido a la extorsión de un policía para librar a su hija de una legislación exigente, lo que sirve para retratar la corrupción imperante en muchas capas de la sociedad; un joven estudiante de ingeniería, cuya familia se dedica a celebrar los ritos de cremación de los cadáveres en las orillas del Ganges, tarea propia de los intocables, se enamora de una chica de una casta superior, signo también de la desigualdad reinante; junto a ellos, familias, amigos, compañeros de estudios o trabajo, reflejan distintos modos de situarse en una realidad tan compleja como la del país asiático. Y como contexto omnipresente, el citado río Ganges, fotografiado muy bellamente, se erige en protagonista y telón de fondo de las vidas de quienes viven en sus márgenes.

 

Antonio Venceslá, cmf

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