En 1915 el director norteamericano David W. Griffith, dirigió El nacimiento de una nación, película claramente racista y partidaria del KuKluxKlan, que aparte de su deleznable mensaje ideológico, abrió un camino de riqueza y crecimiento del lenguaje cinematográfico que hizo de Griffith uno de los grandes realizadores del cine. Poco más de cien años después, otro realizador, Nate Parker, ha filmado una película de igual título (lo que puede tener su toque de ironía) que nos acerca a un episodio real de la lucha de la población negra de Estados Unidos por conseguir el reconocimiento a sus derechos y dignidad. Así, El nacimiento de una nación, se inscribe en una larga lista de relatos cinematográficos que han retratado las penurias e injusticias sufridas por quienes fueron esclavizados y sometidos a una vida de servidumbre. 12 años de esclavitud (también inspirada en una historia real), la serie de televisión Raíces, Amistado El color púrpura, dan fe de esos acontecimientos, bien desde una óptica puramente descriptiva o desde una intención crítica y denunciadora de tales situaciones.

El nacimiento de una nación describe un intento de rebelión violenta de un grupo de esclavos en un estado del Sur, treinta años antes del estallido de la Guerra de Secesión. En este caso, a las convencionales escenas de trabajos, castigos y humillaciones, vistas en otras películas, se añade una visión de la religión como justificadora de la resignación, primero, y alentadora de comportamientos violentos, después. Como dice en un momento dado su protagonista, un esclavo que aprendió a leer con la Biblia… y con ningún otro libro, cada versículo que invita a la resignación tiene su paralelo que llama a la venganza. No pretende la película establecer una reflexión sobre el uso interesado de la Biblia: se trata solo de un elemento que describe la personalidad (real) del predicador.

Se trata de una película militante que parece alinearse con las tesis de quienes propugnan la violencia como recurso para sacudirse la humillación (en la línea esgrimida en los años sesenta del siglo pasado por Malcolm X). No elude planos que la muestran, tanto por parte de los esclavistas, como de los esclavizados en su intento de sacudirse el yugo que los oprime.

Por otro lado, El nacimiento de una nación intenta conectar los hechos del pasado con realidades actuales: es impresionante el plano de los cadáveres de un grupo de negros que han sido ahorcados, mientras escuchamos “Strange Fruit”,interpretada por Billie Holiday, una de las piedras de toque de la canción protesta contra la opresión: “Árboles sureños cargan extraños frutos. Sangre en las hojas, sangre en la raíz. Cuerpos negros se balancean en la brisa sureña… una extraña y amarga cosecha”. Y esa melodía nos recuerda que los hechos narrados no son cosa de un pasado lejano…

Antonio Venceslá, cmf

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