Hay cosas que son inútiles que, sin embargo, guardamos indefinidamente en nuestros trasteros y cajones a la espera de una necesidad imprevista que los resucite de su oscuro arrinconamiento. Cuesta desprendernos de cosas inútiles porque, en el fondo, no nos lo parecen. Aunque sea verdad que, al despojarnos de muchas, ni las echamos en falta ni las recordamos.

Hace unos días dándole vueltas a qué decir en esta página, me topé con una larga lista de simpáticos datos inútiles. Como curiosidad ociosa, traigo algunos de ellos antes de proponer un par de reflexiones o tres.

  • Una persona normal parpadea aproximadamente 25 mil veces por semana.
  • Los CDs fueron diseñados para recibir 72 minutos de música porque esa es la duración de la Novena Sinfonía de Beethoven.
  • Está probado que el cigarro es la mayor fuente de investigaciones y estadísticas.
  • El material más resistente creado por la naturaleza es la tela de araña.
  • La hija de Shakespeare era analfabeta.
  • Antes del año 1800, los zapatos para el pie izquierdo y derecho eran iguales.
  • El elefante es el único animal con 4 rodillas.
  • El escudo de Colombia incluye el mapa de Panamá.
  • Los meses que empiezan en domingo siempre tendrán un viernes 13.

Al hilo de estas afirmaciones que no sé si sirven para algo, cabe preguntarse: ¿Qué hacer con lo inútil? ¿Es reciclable? Mientras damos vueltas a esas preguntas (¿inútiles?) queden en claro, estos pensamientos, valiosos por su utilidad:

  1. No hay personas inútiles. Lo inútil va referido solo a cosas, objetos, productos, utensilios… jamás debe serlo a personas. Todas ellas, sean quienes y como sean, por su dignidad, se insertan productivamente en el complejo y variopinto tejido de la humanidad. Nadie, pues, sobra.
  2. La utilidad de algo está más en la cabeza del que lo posee o maneja que en el objeto mismo. Hay quienes saben sacar provecho de los cachivaches más inverosímilmente inútiles. La creatividad transfigura. Desechar objetos por inútiles, muchas veces necesario, no siempre es higiénico. Puede reflejar, en cierto sentido, falta de creatividad.
  3. Sentirse útil es una necesidad inscrita en el ADN de todo ser humano. Si no es satisfecha genera frustración y melancolía. Pero es una necesidad ambigua, desfinalizada. Porque puede ser motor para lanzarse a servir a los demás o impulso para codiciar y acumular. Y esto último, debe ser sí que debe ser inutilizado cuanto antes.

Juan Carlos Martos, cmf

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