“Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”. 

Los judíos no acaban de entender, como tampoco acabamos de entender nosotros: “Cómo puede este darnos a comer su carne?”. Entenderemos las palabras de Jesús cuando deseemos participar plenamente en la Eucaristía. Y participar en la Eucaristía significa unirnos a Cristo de tal forma que la persona y la vida de Jesús configura nuestra propia persona y nuestra propia vida. 

Cuando comemos el pan de la Eucaristía nos hacemos uno con Jesús. Su vida mueve nuestra vida. Él habita en nosotros y nosotros en Él. 

Recíbelo en la Eucaristía siempre que tengas ocasión y procura que sean muchas las ocasiones. Adóralo presente en el sagrario y procura que también sean muchas veces. 

Tu vida se irá transformando sin darte cuenta porque es Jesús quien la transforma a su medida. 

Buenos días.

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