“Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre y el que cree en mí nunca pasará sed”. 

El Papa Benedicto XVI nos dijo en una ocasión que el cristianismo no es una ideología, sino el encuentro personal con Jesucristo. Este encuentro es el único que cambia por completo nuestra vida. 

Nos detenemos en las normas. Nos aferramos a unos cultos. Pero no nos aferramos a Jesús. De ahí que muchos de nosotros seamos cristianos anémicos. 

Comemos muchos “panes” y aparentemente y durante un momento nos sacian. 

Pero no nos acercamos a comer el verdadero pan de la vida que es Cristo mismo. 

Él es la respuesta a nuestras hambres y sed de justicia, de felicidad y de amor. 

Pon a Jesús en el centro de tu vida. Acércate con toda la frecuencia que puedas a la Eucaristía y come siempre de ese pan que te da la vida a tí y al mundo entero. 

Repite hoy muchas veces esa oración que la gente dirigió a Jesús: “Señor, damos siempre de este pan”.

Buenos días.

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