“Os conviene que yo me vaya porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. En cambio, si me voy, os lo enviaré”. 

Jesús sigue hablándonos del Espíritu Santo. 

Visiblemente, Él desaparece de entre los discípulos, pero promete la presencia del Espíritu, que siempre acompañará a sus seguidores. 

El Espíritu Santo nos acompaña ofreciendo vida en plenitud, infundiendo aliento y fortaleza, ayuda y fuerza en nuestro caminar cristiano. 

El Espíritu Santo nos defiende de la mentira, nos protege de las cobardías, ilumina nuestras vidas, nos da paciencia en las pruebas y nos hace mantener viva la esperanza y la llama de la fe. Durante estos días previos a Pentecostés invoca con más frecuencia al Espíritu Santo y déjate guiar por él. 

Sentirás su fortaleza y verás tu misión, aquí y ahora, con la claridad que él te dará. 

Buenos días.

Antonio Sanjuán, cmf

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