“Como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí”. 

Hoy Jesús se compara a una vid cuyos sarmientos somos nosotros. Una vid que el Padre cuida con esmero y cariño para que dé los frutos deseados y esperados. Jesús pone dos condiciones para la fecundidad del sarmiento: 

1: LA PODA: cortar todo aquello que puede impedir la abundante circulación de la savia para la buena abundancia y calidad del racimo. 

2: PERMANECER EN ÉL: separados de Él, no podemos hacer nada. Desgajados del tronco de la vid estamos llamados a la esterilidad y a secarnos. Permanecer en Él. Separados de Él, no podemos hacer nada. Desgajados del tronco de la vid estamos llamados a la esterilidad y a secarnos. 

Piensa hoy en todo aquello que debes cortar para que la vida de Jesús circule libremente por la tuya y puedas dar buen fruto en tu vida. No tengas miedo a la poda. Podrá dolerte en un principio despojarte de determinadas cosas. Pero, a la larga, el fruto de tu vida será mejor. Afianza también tu permanencia en la Vid Verdadera. Permanece en Cristo por medio de la oración, del encuentro profundo con su Palabra, de tu participación frecuente en la Eucaristía y en otros sacramentos.

Buenos días.

Antonio Sanjuán, cmf

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