La santidad es una virtud innata, que nos acompaña a todos desde el instante mismo del Bautismo, por el que somos reconocidos oficialmente por la santa madre Iglesia como hijos de Dios y hermanos de Jesucristo en el Santo Espíritu.

Pues, en torno al 1º de Mayo evocamos a uno de los “grandes santos”: JOSÉ (que viene de “Yosef”: “el que cumple el plan de Dios”).

A Jesús le encantaba llamarse “el Hijo del Hombre”, es decir, un hombre normal, nacido en el seno de una familia (aunque todos sepamos las “peculiaridades” de la misma). Además, era reconocido como “el hijo del carpintero de Nazaret”. Por tanto, José jugó un papel fundamental en la vida de Jesús, en el “cumplimiento de su plan”.

Y yo me pregunto: ¿dónde estará su “santidad”?

Humanamente hablando, en la simplicidad.
De hecho es padre de Jesús sin serlo, como tantos que ven sus planes trastocados por la iniciativa de Dios. Pues, como José, dejémosle la iniciativa al Dios Uno y Trino.

¡Que se haga en todos nosotros tu Palabra! Como en María. Como en José.

Antonio Bolívar, cmf

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