En un momento de la historia se cruzaron sus biografías. En seguida vinieron la mirada que sitúa y la palabra que rompe el frío. Un tiempo después, alguna herida atravesó las máscaras, desafiando a los roles y los espacios comunes –¿Cómo estás?- Muy bien, ¿y tú?-Yo muy bien también, con muchas cosas–. Fue, por vez primera, el encuentro.

Siguió el camino. Ellos en él, entre dudas y miedos, aprendieron a compartir aspiraciones y temores, hasta que sus ojos se acostumbraron a tenerse y a sostenerse. Su piel, al fin, confirmó su historia en forma de abrazo. Algo brillaba en sus ojos. Eran ellos…

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