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La semana pasada recordábamos a San José, el hombre justo dado por esposo a la Virgen Madre, servidor fiel y prudente que el Padre puso al frente de la sagrada Familia para que, haciendo las veces de padre, cuidara al Unigénito, concebido por obra del Espíritu Santo, Jesucristo.

En esta ocasión, y con la excusa de la celebración del “Día de la Madre” (el primer domingo de mayo) traemos a María, Madre de todas las madres, precisamente por ser la Madre de Dios.

En este contexto podríamos recordar el encuentro con la “Madre” de los pastorcitos el 13 de Mayo de 1917 en Cova de Iría (Fátima), del que este año se cumple exactamente un siglo. Entonces Jacinta (con sus 7 añitos) y Francisco (solo 9) “regalaron un beso” en medio de su Corazón a esa “gran Señora vestida de blanco, más brillante que el sol”. Un “beso” que les hizo quemarse vivos de amor, de bondad, de belleza y de verdad, que son concreciones de la santidad.

“¡Mi inmaculado Corazón será tu refugio y el Camino que te conducirá hasta Dios!”, le dijo aquella gran Señora a Lucía, la mayor (12 años). Podría ser esa una hermosa propuesta -la de acompañar a María en ese camino- para todos nosotros y, de modo particular, para los niños que, a lo largo de este mes, hacen su primera comunión.

También traigo a colación la figura de un “hijo del Corazón de María” excepcional, que me cautivó desde mi ingreso en la Familia Claretiana: San Antonio María Claret. Él no sólo fundó una familia de santos, sino que se vinculó a otros muchos santo de la época.

También en estos día -el 7 de mayo- hemos conmemorado su canonicidad. Pío XII exclamó en su proclamación como santo: “El Beato Antonio María Claret, obispo y confesor, decretamos y definimos que es SANTO, y lo inscribimos en el catálogo de los santos. Pequeño de cuerpo, pero de espíritu gigante; y, como luz suave que todo lo ilumina, su devoción a la Madre de Dios”.

Por cierto, que el Padre Claret se puso “María” en su nombre a raíz de su consagración episcopal, no sólo por su tía y madrina María Claret o su hermana María, sino como afirmaba, porque María Santísima era su “Madre, Maestra, Directora”.. su “TODO después de Jesús”.

Bonito lema de vida.

Nos toca a nosotros hacerlo realidad dejándonos acompañar por la Madre. Para que sea “nuestro Todo” después de Jesús.

Antonio Bolívar, cmf

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