¿Tenemos que ser beligerantes contra el mal?

               No creo que ningún cristiano en su sano juicio responda negativamente a esta pregunta; sin embargo, estamos utilizando un adjetivo militar. Nadie se cuestiona el sentido metafórico del adjetivo y no entender la obviedad de esta idea sería vivir un ridículo irenismo.

               Claret, influenciado por la espiritualidad ignaciana, utiliza términos militares para hablar metafóricamente de su lucha contra el mal. Decíamos en la imagen anterior que él se ve como una “saeta” puesta en el brazo de María contra el mundo, el demonio y la carne. Él concibe su filiación cordimariana como misión, lucha y conquista, respondiendo así a la estrategia divina de vencer a la Serpiente y a su descendencia por medio de la Mujer y su descendencia. Ha entablado batalla contra las fuerzas del mal y una de las armas es el escudo del Santo Rosario (cf. Aut 271). Es una paradoja que un objeto tan inofensivo se convierta en un arma; como paradójico es que por medio del Cordero se venza a la Bestia (cf. Ap 13). ¡Las cosas de Dios son así!, vence con los medios más inocentes y humildes de este mundo para que la confianza no la pongamos en nuestros medios sino en Él.

               El Rosario, como escudo, nos defiende de las acechanzas del Maligno, que siempre está como león rugiente buscando a quién devorar (cf. 1Pe 5,8). Tenemos que aficionarnos a esta oración mariana como práctica diaria. No pocos cristianos desestiman esta sencilla práctica de oración por las connotacionesque tiene de piedad popular. No podemos negar que sea la devoción popular por excelencia, y esto nos debería de asociar a tantas personas que de una manera sencilla contemplan la vida de Cristo bajo la óptica de la Virgen María. Pero además de esto se trata de una profunda oración que tiene su origen en el hesicasmo oriental, “la oración del corazón” u “oración de Jesús”, de manera que nos encontramos ante una magnífica escuela de meditación cristiana. El rosario nos ofrece un maravilloso mantra con las palabras del Ángel y de Isabel a María, y bajo este mantra, que nos asocia al Corazón de la Virgen, contemplamos los misterios de la vida del Hijo.

               El rezo del Rosario tiene un poder especial para llenar de paz y serenidad el corazón. Busca y descubre tu momento para el rezo de esta oración: cuando vas de camino al trabajo, de viaje, en la espera del médico… pero, sobre todo, en familia. En él tienes tu “escudo”, ¡compruébalo!

 Juan Antonio Lamarca, cmf.

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