«Se os quitará a vosotros el Reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

En el fondo, el evangelio de hoy nos conduce a la aceptación o al rechazo de Jesús.

Nuestro Padre Dios nos lo envía continuamente no para que inquisitorialmente nos pida cuentas, sino para que hagamos fructificar en nosotros los valores de su Reino: la paz y la justicia, el perdón y la misericordia, la bondad y la alegría…

Pero, por otra parte, puede darse, y de hecho se da muchas veces, la no acogida de este Hijo enviado por el Padre. Lo matamos y hacemos de su viña no lo que Él espera sino lo que a nosotros nos conviene. Matamos en nuestra vida la presencia de Jesús porque puede incomodarnos. Lo matamos y nos quedamos con su herencia.

Nos creemos como dueños de la viña. La cultivamos a nuestro antojo. No damos los frutos propios del Reino. Malversamos sus ganancias. e incluso rechazamos también a los mensajeros que el Padre nos envía para nuestro bien y para nuestra conversión.

Pide hoy al Señor que crezca en ti la vid verdadera dando frutos abundantes de buenas obras. Limpia y poda todo lastre que día a día va brotando y paraliza tu vida y tus buenos deseos.

Buenos días.