«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser… amarás a tu prójimo como a tí mismo».

El pueblo de Israel se perdía en la inmensa maraña de normas y mandamientos a los que todo buen israelita estaba obligado a cumplir. Esto se había convertido en una pesada losa exigente y agobiante. Jesús, cuya «carga es llevadera y su peso ligero», corta por lo sano y afirma que lo más importante en la vida es amar. Dejar que palpite bien el corazón hacia Dios y hacia el prójimo. Toda la ley y todas las normas se reducen a esto.

No pierdas tu vida en cosas accesorias. Ya lo hemos dicho alguna vez: «al atardecer de la vida te examinarán del amor».

Este es el núcleo del Evangelio. Quién entiende esto no está lejos del Reino de Dios.

Recuerda que amando a los demás estás amando también a Dios. Buenos días.

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