El realizador chino Zhang Yimou es en Occidente uno de los nombres más conocidos de la cinematografía de su país. Destacado en sus inicios por el preciosismo de sus películas dotadas de una fotografía exquisita y unas historias ambientadas en un pasado más o menos lejano, fue evolucionando hacia temáticas más actuales y elecciones formales más realistas. Y paralela a esta evolución, fue decantándose también por acercamientos a la realidad de su país que le granjearon dificultades con la censura. Ni uno menos, El camino a casa, Las flores de la guerra o Amor bajo el espino blanco dejan constancia de una predilección por historias llenas de sensibilidad, aun en circunstancias difíciles para sus protagonistas. Con Regreso a casa, la película que comento, incide en una historia anclada en acontecimientos históricos de su país (la revolución cultural promovida por Mao Zedong en los últimos años de la década de los sesenta del siglo pasado) y en las consecuencias vividas por sus protagonistas. Un hombre represaliado por las autoridades y obligado a un exilio forzoso dejando atrás a su esposa e hija, regresa junto a su familia, encontrándose con una situación difícil que pone a prueba el amor que siente por su mujer. Ella no le recuerda, debido a una enfermedad contraída durante su ausencia. Sin embargo, el amor es más fuerte que las contrariedades y en circunstancias no fáciles permanece cerca de ella, cuidándola y sosteniéndola en la esperanza del regreso del marido, a quien sigue esperando incapaz de reconocerle en el hombre que la acompaña y la cuida. La mirada de Yimou es cercana, pausada y sensible, muy alejada de los malabarismos circenses (aunque estéticamente muy bellos) de La casa de las dagas voladoras o Héroe, particular acercamiento del director al cine de altos vuelos (dicho literalmente en la recreación de peleas y enfrentamientos). En este caso, la película invita al espectador a compartir la inquietud de un hombre que encuentra en la entrega silenciosa un resorte para recrear diariamente la esperanza de permanecer junto a la mujer que ama.

Antonio Venceslá, cmf

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