«Jesús lo sacó de la aldea, llevándolo de la mano, le untó saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: «Ves algo?». Levantando los ojos dijo: «Veo hombres, me parecen árboles, pero andan». Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba curado y veía todo con claridad».

De nuevo asistimos a la curación de un ciego por parte de Jesús. Pero este ciego no recobra inmediatamente la vista después de que Jesús le unte por primera vez saliva en los ojos.

Su fe no ha llegado a disipar enteramente las tinieblas que cubren sus ojos. Por esa razón, Jesús no ha podido realizar completamente el milagro en su vista.

Pero en un segundo momento, cuando la fe de aquel ciego llega a su plenitud, Jesús vuelve a imponerle las manos en los ojos y la claridad se apodera también en plenitud de toda su persona.

Igualmente nosotros vamos avanzando y progresando en nuestra vida de fe. También nosotros vamos avanzando y progresando en nuestra confianza en Jesús. 

Pide hoy con fuerza al Señor que aumente tu fe. Haz tuya aquella breve oración que le dirigió el apóstol Pedro: «Señor, yo creo, pero aumenta mi fe». 

Buenos días.