Celebramos los 75 años de la Parroquia y queremos que sean momentos fuertes en el crecimiento y fortalecimiento de nuestra fe.
En la primera parte del año, que contiene la Novena al Corazón de María (irá acompañada por una Semana Misionera animada por el Equipo Claretiano de Evangelización Misionera), como algo muy especial, renovaremos el Bautismo, la Confirmación o el Matrimonio de hermanos nuestros que recibieron en la Parroquia alguno de estos sacramentos en los años 1939 – 1964 ò 1989. Es decir, aquellos que harán 75, 50 ò 25 años de la celebración gozosa de alguno de ellos.

Para la celebración, nuestros hermanos parroquianos, los artistazos que son Miguelo y Padylla han elaborado el pictograma que tenemos en el presbiterio, y que nos acompañará durante todo el año.
Les hago una breve síntesis de lo que significa cada trazo:
La siembra: El lema escogido para conmemorar el aniversario de la Parroquia es: “75 años haciendo vida el Evangelio”. Nos evoca la misma imagen de la parábola del sembrador: la Palabra-semilla que se siembra y cae en tierra y brota cobrando VIDA.
La raíz: Simbolizando el carisma claretiano de la parroquia, la raíz del árbol aparece representada con la “M” de María que dibuja el Corazón coronado con la llama del fuego del Amor a Dios que hace brotar la VIDA.
El tronco:
La Cruz: El tronco del árbol en forma de cruz, recuerda el itinerario de fe de todo cristiano. La fe brota con alegría, pero su recorrido siempre lleva a la cruz. “La cruz es el lugar privilegiado en el que se nos revela y manifiesta el “amor de Dios”.
La Historia de la salvación: “En el árbol de la cruz está la historia de Dios, quien quiso asumir nuestra historia y caminar con nosotros”. También la historia de la parroquia. Por eso, en la im agen, el número 75 que rememora el aniversario insinúa la forma del crucificado.
Las ramas: La Misión Parroquial: En la imagen, el tronco del árbol se compone de tres ramas que representan las tres dimensiones fundamentales de la labor y la misión parroquial: cáritas, liturgia y evangelización. Cada una posee sus propias particularidades, pero las tres sólo dan buen fruto en cuanto están sujetas y unidas al tronco.
Liturgia: La liturgia es la rama central del árbol, de la que parten las demás, del mismo modo que la espiritualidad y nuestra relación con Dios son el origen y el sustento de la labor misionera. Nace directamente del Amor de Dios, de lo más profundo del corazón.
Cáritas: La segunda rama se desarrolla en la dimensión horizontal, abrazando al mundo, y
representa a Cáritas. La acogida al necesitado se simboliza con el pájaro que anida en la rama buscando protección, al abrigo del árbol que le ofrece cobijo.
Evangelización: La tercera rama, también horizontal, simboliza la evangelización, representada por el ave que sale volando del árbol para anunciar al mundo con un cantar alegre la Buena Noticia del Evangelio, llevando la semilla de la Palabra por todos los rincones y a todas las realidades.
Las hojas: Las representan a los fieles, grupos y comunidades de la Parroquia. Todas forman una sola comunidad que acoge, celebra, y evangeliza. Unidas en una misma fe. Recibiendo la savia de Cristo. Hojas transparentes, que no quieren hablar de ellas mismas, sino dejar ver a Dios. Hojas que aparecen como lenguas de fuego, recordando la acción del Espíritu que les ha modelado,  que le ha dado a cada una su propio carisma, y que hacen que el árbol se incendie con ardor misionero. Hojas con forma de semilla, que encierran en sus genes la Palabra de Dios dispuesta a ser sembrada allá donde le envíe el viento del Espíritu, para que broten nuevos árboles y dar más fruto. Todas son igual de importantes. Ninguna es más grande ni más pequeña que otra. Cada una encierra su propia belleza, y todas juntas son imagen de la belleza de Dios.
El árbol: La Parroquia es, en definitiva, como ese árbol que ha brotado y crecido con paciencia a lo largo de los años y al que aún le queda mucho por crecer. Un árbol que no está sólo sino que crece en compañía de muchos otros con los que comparte y vive su dimensión eclesial y universal. Un árbol que se debe cuidar para que no se seque y siga proporcionando buen fruto en abundancia, creciendo firme, fuerte y bien arraigado. Un árbol que permita encaramarse a sus ramas a todo aquél que, como Zaqueo, quiera conocer a Jesús y encontrarse con él. Un árbol dispuesto a dar sombra y cobijo a todo el que llegue cansado y agobiado buscando alivio. Un árbol que da con su belleza testimonio de la hermosura de Dios.

Juan Miguel Martínez cmf