Cruz Encuentro 2013: “Objetivo, la cruz”


Unos días en Barbastro, como si fuéramos los mártires en aquel verano de 1936, nos encontramos en el Monasterio de Pueyo 75 peregrinos (misioneros, misioneras, seglares, catequistas, jóvenes…) de distintas posiciones de la Familia Claretiana durante los días del puente de Todos los Santos. “Objetivo: la cruz” rezaba el lema elegido para el Cruzencuentro 2013. Qué mejor cruz que la de aquellos 51 hijos del Corazón de María, qué mejor escenario para celebrarlo que aquella casa donde también dejaron su vida por la causa de Jesús 18 hermanos benedictinos llevados a los altares el pasado 13 de octubre en la gran beatificación celebrada en Tarragona. Qué mejor historia para entender, sentir, tocar y aprender que aquella historia de amor, de amor por el otro, hasta el final, hasta el extremo, qué mejor historia que aquella de encontrarse con la gracia de darse a los demás.

Comenzamos con la encrucijada de caminos, comenzamos con la rutina de cada uno de nuestros días, cada día una opción, cada día una decisión, cada día una duda, cada día una prueba, cada día un camino. Y en cada día un mensaje, el de “ven y sígueme” que nos dice Jesús con su Palabra. Y metidos en el escenario del Cruzencuentro, tomamos conciencia del concepto de muerte: allí la encontraron los mártires, allí quisimos plantearnos el decálogo de lo que nos gustaría ser, hacer, tocar, sentir antes de morir nosotros. Allí buscamos encontrar el significado de la llamada que Dios nos hace a cada uno de nosotros. Allí entendimos el concepto de servicio, de amor, el concepto de Santo, aquellos a los que definía aquel niño de la homilía del viernes que son los que iluminan nuestro camino a través de las vidrieras. Y allí, tras todo eso, empezamos a encontrarnos en el objetivo de Dios, estamos a tiro… nos lo enseñaron en “Un Dios prohibido”, abracemos la vida desde la iluminación de la cruz. Otros, cómo cualquiera de nosotros, ya lo hicieron antes. Y nos dejaron su ejemplo, el mejor ejemplo. El de saber perdonar hasta a quien te mata, el hacer la voluntad del Padre.

Y si aquello del viernes fue “solamente” una declaración de intenciones, el sábado nos metimos en la película de nuestras vidas. Y por un día el escenario fue él mismo escenario en el que vivieron su historia, en aquellos días del 36, los hijos del Corazón de María. Historia que nos terminaron de contar y que nos hicieron comprender los PP. Jorge Domínguez, José Beruete y Carlos Latorre, cmff. En todo aquel macro escenario se comprende y se traduce en nuestros días la iluminación del Corazón de María, el ejemplo de entrega y servicio que es la figura del Padre Claret y el ejemplo de amar y perdonar en todas las ocasiones, que suponen los Beatos Mártires Claretianos de Barbastro. Y si la teoría la pusieron en aquella mañana, aquellos escenarios…. la práctica la entendimos en el Camino…. El Camino martirial, el último que hicieron aquellas vidas en aquellos días del 36. Aquel camino que nos dibujó el martirio de cada día y que nos dejó esa pregunta abierta en aquel monolito a los mártires. En medio de aquella emoción le pedimos “hágase Tu voluntad”. Y nosotros ¿hasta dónde estamos dispuestos a entregarnos? Y aquellos “Vivas” de entonces se mezclan hoy con el testimonio de fe que nos dejó el Cruzencuentro. El compromiso de entrega que en la mágica capilla del museo, sobre la cripta de los mártires, sirvió para celebrar la vida en la Eucaristía de aquella tarde de sábado. Sirvió para que nuestro corazón entienda lo que es llegar al cielo. Porque al cielo llegamos. Y ante la Virgen del Pueyo nos comprometimos a abrazar la Cruz por siempre, a no olvidarnos de todo esto que se refleja en este pequeño relato.

Y yo le sigo cantando aquello de “Quédate con nosotros, Tú nuestra esperanza, Luz de nuestra fe. Quédate con nosotros, danos valentía y un corazón fiel”. Y eso resuena hoy tras unos días en Barbastro, tras entender, tocar y sentir la historia de los mártires. Ahora con lo aprendido sigamos el camino…. Hasta el Cielo, peregrinos.