MÁRTIRES DE FERNÁN CABALLERO, TESTIGOS DE CRISTO ANTE EL MUNDO


El ejemplo de los mártires de Fernán Caballero nos ayudará a comprender mejor aquellas palabras de Jesús: “A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos”
Nuestra socidad está falta de testigos del Reino. Se necesitan profetas con el corazón lleno de fe en Dios, que con sus obras nos hablen claro de que Dios es Padre y fuente de vida.

El sacrificio del maritirio es un espectáculo que impresiona a quienes lo contemplen con ojos limpios. Los mártires, renunciando a salvar su vida y perdonando a quienes los maltratan, nos sitúan ante una realidad que supera lo humano y que nos invita a reconocer la fuerza y la gracia de Dios actuando en la debilidad de la historia humana. No temásis a los que matan el cuerpo, dijo Jesús.

Breve relato del martirio de los Mártires de Fernán Caballero
Los Mártires de Fernán Caballero, en la plena juventud, no amaron tanto su vida que temieran la muerte. Ante quienes les mataban proclamaron que Cristo era su único Rey, y el Corazón de María su mayor amor. Sus nombres están escritos en el cielo y son los siguientes: Tomás Cordero Cordero, Jesús Aníbal Gómez Gómez, Primitivo Berrocoso Maillo, Vicente Robles Gómez, Gabriel Barriopedro Tejedor, Claudio López Martínez, Ángel López Martínez, Antonio Lasa Vidaurreta, Melecio Pardo Llorente, Antonio Orrego Fuentes, Otilio del Amo Palomino, Cándido Catalán Lasala, Ángel Pérez Murillo, Abelardo García Palacios y Felipe González de Heredia.
Con la cruz desde Zafra hasta Fernancaballero
La atmósfera de violencia contra los moradores del Teologado Claretiano de Zafra comenzó apenas acabadas las elecciones de febrero de 1936. A finales de abril el Padre Provincial ordenó abandonar la casa y marchar a Ciudad Real, pensando hallar en la capital manchega una situación más favorable.
La realidad se hizo todavía más difícil. Jesús Aníbal Gómez escribía así a los suyos: “No tenemos huerta, y para el baño nos las arreglamos de cualquier modo… De paseo no hemos salido ni una sola vez desde que llegamos: de hecho, guardamos clausura estrictamente papal; así nos lo exigen las circunstancias. Por lo dicho pueden ver que no estamos en Jauja y que algo tenemos que ofrecer al Señor”.
Se respiraba un ambiente de martirio y pronto se vieron sorprendidos por el asalto a la casa. El P. Superior escribirá más tarde: Cuatro fueron los días de prisión para las catorce víctimas propiciatorias que fueron sacrificadas el día 28 y seis para los restantes. Decir lo que en estos días tuvimos que sufrir es cosa de todo punto imposible… Todos estábamos preparados para la muerte, que la veíamos muy cerca… Se sufrían las vejaciones y las privaciones con resignación y mansedumbre y conmiseración para con los perseguidores.”
Intentando salir de aquel lugar de suplicio, el P. Superior pudo conseguir del Gobernador Civil salvoconductos para ir todos a Madrid o adonde les conviniera. La primera expedición se preparó para el día 28 de julio. En ella iban nuestros mártires. Se despidieron de los que quedaban: ¡Que tengáis feliz viaje!, les dijeron.
Fueron a la estación de Ciudad Real en varios coches y acompañados por milicianos. Al llegar se armó un gran alboroto y se oyeron voces de: ¡A matarlos. Que son frailes. No les dejéis subir. Matadlos! El tren partió para Madrid y las amenazas se cumplieron a 20 km. de la capital, en la Estación de Fernán Caballero.
Un viajero del mismo tren cuenta así lo que vio:
“Ordenaron a los frailes que bajasen, que habían llegado a su sitio. Unos bajaron voluntariamente diciendo: Sea lo que Dios quiera, moriremos por Cristo y por España. Otros se resistían, pero con las culatas de los fusiles les obligaron a bajar. Los milicianos se pusieron junto al tren y los frailes frente a ellos de cara. Algunos de los frailes extendieron los brazos gritando ¡Viva Cristo Rey y Viva España! Otros se tapaban la cara. Otros agacharon la cabeza. Uno que era muy bajito daba ánimos a todos. Empezaron las descargas y todos los frailes cayeron al suelo„ Al incorporarse, algunos con las manos extendidas gritaban ¡Viva Cristo Rey!; volvieron a dispararles y cayeron.”
Entre el montón sangrante de cadáveres, Cándido Catalán quedó gravísimamente herido y moriría horas más tarde: “Presentaba aspecto de una resignación asombrosa, no profería queja alguna„”, dijo de él el médico que lo atendió en la Estación.

Puntos de reflexión en torno al martirio
*Los mártires, son para el mundo un gran signo de esperanza. Hay cosas por las que vale la pena vivir y morir.
*Han sabido vivir el Evangelio en situaciones de hostilidad y persecución hasta el testimonio supremo de la sangre.
*Estos testigos muestran la vitalidad de la Iglesia; son para ella y para la humanidad como una luz, porque han hecho resplandecer en las tinieblas la luz de Cristo.
Lecciones de los mártiresFraternidad (Carta P. General, Cfr. nn. 17-20)
El testimonio de nuestros mártires nos invita también a agradecer el don de la comunidad. Es posible que nunca se hubieran sentido tan cerca unos de otros como en aquella hora martirial. Cuando se experimenta con mayor fuerza la propia debilidad y pequeñez, se necesita sentir con mayor intensidad la cercanía y el amor de los hermanos.
La fraternidad evangélica se construye cada día en torno a la Palabra y a la Eucaristía, en la comunión de ideales misioneros y en la superación de las mil dificultades que van apareciendo en el camino, en el diálogo interpersonal y en el discernimiento que busca la voluntad de Dios sobre la comunidad y cada uno de sus miembros.
La comunidad ayudó a cada uno de nuestros hermanos a ser fieles hasta dar la vida por el Evangelio. Su testimonio nos alienta.